(BUENOS AIRES).- El Mundial de Clubes de 2029 está en riesgo de no disputarse, jaqueado por el boicot que impulsa el presidente de la UEFA, Aleksander Ceferin, y por las deudas millonarias que la FIFA arrastra con los equipos que participaron de la última edición. La segunda entrega del torneo ampliado que conquistó Chelsea en Nueva York en 2025 no tiene sede confirmada ni contratos de televisión, y el frente europeo amenaza con dejar sin oxígeno financiero y político el proyecto de Gianni Infantino.
Ceferin busca articular el boicot junto a Nasser al?Khelaïfi, el presidente del París Saint?Germain, y utilizaría la Supercopa de la UEFA del 12 de agosto entre el PSG y el Aston Villa como plataforma para alinear posturas. El dirigente esloveno ya cuenta con el antecedente de 2021, cuando ambos bloquearon el proyecto de la Superliga. Para que la Asociación Europea de Clubes secunde la medida, los 850 miembros deben alcanzar la unanimidad, una condición difícil pero no imposible.
Al malestar político se suma un agujero económico que la FIFA no logra cerrar. Los 250 millones de dólares del fondo de solidaridad para los clubes que jugaron el Mundial de Clubes 2025 continúan impagos y la fórmula de reparto sigue sin definirse. La UEFA denuncia que ni siquiera recibió los informes que la FIFA había comprometido sobre los pros y los contras del certamen. En el Viejo Continente creen que será casi imposible cumplir con las promesas financieras: en 2025 el comunicador DAZN apareció apenas un mes antes del inicio con una oferta cercana a los 1.000 millones de dólares, y volver a encontrar contratos de ese calibre sin un esquema de patrocinios claro es hoy una quimera.
Infantino atraviesa su momento de mayor debilidad desde que asumió la presidencia de la FIFA en 2016. Su proyecto FIFA Forward Enterprise, que pretendía privatizar parte de los ingresos de la Copa del Mundo, fracasó luego de una feroz resistencia de las confederaciones y aceleró la sangría de apoyos políticos. Gales fue la primera federación en retirarle el respaldo para las elecciones de 2027, decisión a la que se sumaron Serbia y Suecia. La Asociación Inglesa de Fútbol podría imitarlas en las próximas horas, y desde la UEFA evalúan una demanda formal contra la FIFA por aquel plan fallido.
El Mundial de Clubes 2025, con la victoria de Chelsea sobre París Saint?Germain en Nueva York, fue calificado como un éxito por la propia FIFA. Con esa vara, Infantino quiere ampliar el torneo a 48 equipos y lanzar además una edición femenina. Sin embargo, la acumulación de deudas impagas, la falta de sede y la amenaza de boicot europeo ponen en duda hasta la continuidad de la competencia.
Qatar se ofreció como sede principal para 2029, pero la posibilidad de que el certamen se juegue en noviembre y diciembre —como el Mundial de selecciones de 2022— dispara las alarmas en el fútbol europeo. Durante la temporada 2022?2023 los clubes del continente sufrieron una ola de lesiones al regreso del parate, y un nuevo parón de dos meses en plena campaña resultaría todavía más perjudicial. La FIFA convocó un Congreso de urgencia en Rabat, Marruecos —la misma ciudad donde el 18 de marzo de 2027 se elegirá al próximo presidente— para reunir a los aliados de Infantino y tratar de contener la crisis.
El primer test de la articulación entre Ceferin y al?Khelaïfi será la Supercopa europea del 12 de agosto. Mientras tanto, los 850 clubes de la EFC tienen sobre la mesa la decisión de un boicot que puede hacer naufragar la segunda edición del torneo insignia de la FIFA.
