(BUENOS AIRES).- “Fueron días muy difíciles. Luchala, que la vida vale la pena”, escribió Leandro Rud en mayo de este año, cuando mostró las secuelas físicas de un cáncer contra el que batalló durante más de una década. El icónico representante de modelos y conductor televisivo murió este viernes a los 51 años, por un cáncer de glándulas salivales con metástasis en los huesos.
Leandro Rud nació el 19 de septiembre de 1974 en Buenos Aires. Fue hijo del empresario textil Carlos Rud y de la docente Marta López. Creció junto a sus hermanos Mariana y Gustavo y siempre mantuvo un perfil reservado en su vida personal: no se le conocen hijos ni parejas estables.
Su nombre quedó grabado en la industria del espectáculo argentino cuando en 1996 fundó su propia agencia de modelos, que rápidamente se convirtió en una de las más influyentes del país. Bajo su dirección, Leandro Rud representó a figuras como Jésica Cirio, Pamela David y Rocío Marengo, entre otras. Sin embargo, en 2014, el estrés y los primeros ataques de pánico lo llevaron a cerrar la empresa para priorizar su bienestar.
Un año después, en 2015, una tomografía confirmó el origen de aquellos síntomas: un tumor maligno en las glándulas salivales, una enfermedad poco frecuente que ya había hecho metástasis en los huesos. Con los años, el cuadro se agravó y en 2021 se confirmó que el cáncer también comprometía el hígado y el esófago.
La lucha contra el cáncer y su mensaje de resiliencia
Tras alejarse del mundo empresarial, Rud encontró en la televisión una nueva forma de comunicarse. Condujo el programa La Noche, primero en C5N y luego en Canal 9, donde habló abiertamente de su enfermedad. “Mucha gente me escribió oculta, contándome de sus casos y familia”, compartió en redes sociales. Y sumó, con su tono frontal de siempre: “Les cuento que pasé tres veces por cáncer 4 y trato de levantarme todos los días, correr, caminar y nadar. Mis perros callejeros me ayudan mucho. También les digo que mientras uno pueda caminar y estar consciente hay que lucharla. Por mi experiencia, hay enfermedades peores, como el ELA o el ACV, donde uno pierde la movilidad y a veces la conciencia”.
Con la misma entereza, adoptó hábitos de vida que para él fueron tan importantes como los tratamientos médicos. La natación en aguas frías se volvió una práctica diaria, convencido de que ayudaba a detener la metástasis. Se rodeó de sus seis perros, todos rescatados de la calle, y se apartó de vínculos que consideraba tóxicos para cuidar su energía. “Mientras uno pueda caminar y estar consciente hay que lucharla”, repetía.
Al momento de su muerte, Rud estaba internado desde hacía varios días en el Sanatorio Finochietto de la Ciudad de Buenos Aires. Tenía 51 años y un legado que trascendió las pasarelas: el de una figura que usó su voz para visibilizar el detrás de escena de una batalla silenciosa.
