(BUENOS AIRES).- Un matrimonio y sus dos hijos descubren una mañana que no pueden cruzar la puerta de su propia casa. Tampoco los vecinos pueden salir de las suyas. No hay explicación, no hay aviso y no hay manera de forzar el límite invisible que los dejó encerrados adentro.
«Tras quedar atrapados en su propia casa, los miembros de una familia deben sobrevivir con recursos cada vez más escasos y enfrentar la fuerza oscura que los mantiene encerrados», resume la sinopsis oficial de La última casa, la película que Netflix estrenó el siete de agosto.
Al encierro se le suma un patrón que aparece rápido y que vuelve todo más asfixiante. Cada vez que llueve se desatan fenómenos que nadie puede anticipar, de modo que el clima se transforma en la única señal de que algo está por pasar del otro lado de las ventanas.
Lo que la separa del resto del género
La diferencia con otras películas de encierro está en el reloj. El relato no se queda en el impacto de los primeros días sino que avanza durante varios años, mostrando cómo la familia se las arregla a medida que las provisiones se van terminando.
El punto de quiebre llega al quinto año, cuando el hijo mayor ya no soporta más la situación y manifiesta un deseo incontrolable de romper el confinamiento para salir a ver qué hay afuera. Ese impulso es el que termina de romper el equilibrio adentro de la casa.
La dirección es de Louis Leterrier, un francés con recorrido en el cine de acción que dirigió Transporter, El increíble Hulk, Furia de titanes y Ahora me ves. El guion es de Matthew Robinson y el proyecto se anunció originalmente con otro nombre antes de que la plataforma lo comprara.
En el reparto hay dos nombres reconocidos por la crítica. Wagner Moura interpreta a Jason, un ingeniero desempleado, y Greta Lee hace de su esposa Ann. Él fue Pablo Escobar en Narcos y quedó nominado al Oscar este año; ella fue nominada al Globo de Oro por Vidas pasadas.
