(BUENOS AIRES).- «La genialidad de BoJack Horseman es lo que esconde debajo de la superficie de una serie animada llena de colores brillantes, sobre un caballo egocéntrico y egoísta, que alguna vez fue una estrella de la televisión.» La periodista María Fernanda Mugica definió así una de las producciones más singulares de Netflix. BoJack Horseman, la serie creada por Raphael Bob-Waksberg, se despidió el 31 de enero de 2020 después de seis temporadas y 77 episodios, pero sigue siendo una apuesta imprescindible del catálogo de Netflix.
El protagonista es BoJack Horseman, un caballo de cincuenta años que en los 90 supo ser la estrella de la sitcom ‘Retozando’ (‘Horsin’ Around’). Instalado en una mansión sobre las colinas de Hollywood, BoJack sobrelleva una crisis de identidad, alcoholismo y una incapacidad crónica para ser feliz. La trama se dispara cuando una editorial le pide una autobiografía y él recurre a Diane Nguyen, una escritora fantasma, para tratar de devolverle algo de sentido a su vida.
En el mundo de BoJack Horseman conviven humanos y animales antropomórficos con rasgos propios de cada especie: los gatos se trepan a los árboles, los perros mueven la cola cuando se alegran y el bonachón de Mr. Peanutbutter le hace la contra al protagonista. Esa lógica absurda, heredera confesa de South Park, le permite a la serie lanzar dardos contra la industria del entretenimiento —rebautizada como «Hollywoo»— y satirizar sin filtro casos de abuso, el #MeToo y la cultura de la celebridad.
La voz en inglés de BoJack la pone Will Arnett, un trabajo vocal que muchos críticos califican de portentoso. Detrás de cámara, Bob-Waksberg construyó un equilibrio inusual entre el chiste visual y los momentos más dolorosos. El episodio 4 de la tercera temporada, por ejemplo, transcurre casi entero bajo el agua, sin diálogos, y cuenta solo con imágenes y música el naufragio emocional del caballo en un festival de cine.
Otro punto de inflexión es el capítulo 11 de la primera temporada, «Downer Ending», en el que un BoJack completamente drogado se enfrenta a sus demonios interiores en una secuencia que homenajea Miedo y asco en Las Vegas. La serie nunca pierde el pulso del humor absurdo —Todd, su desastroso compañero de casa, garantiza la carcajada— pero de a poco va revelando su verdadera naturaleza.
Esa naturaleza es la que llevó a Mugica a escribir que «BoJack Horseman es para reírse mucho, en voz alta, pero no es liviana». Detrás de los colores saturados, la serie habla de depresión, ansiedad, adicciones y abusos con una honestidad casi brutal. Uno de los momentos más recordados por los fans lo entrega Sarah Lynn, otro personaje descartado por la fama, cuando confiesa que en realidad siempre quiso ser arquitecta: una confesión que resume el hueco que el éxito no logró tapar.
Las seis temporadas completas de BoJack Horseman están disponibles en Netflix desde su final en enero de 2020. Si alguien la dejó pasar creyendo que se trataba de otra comedia animada, la recomendación es que se deje sorprender: hay pocas series que hayan logrado retratar con tanta lucidez y crudeza la dificultad de ser buena persona en un mundo que premia todo lo contrario.
