ESPECTÁCULO

10 episodios intensos: la miniserie romántica española que conquista a Netflix

 

Una serie de Netflix que mide en minutos el tiempo que se tarda en superar una ruptura.

 
Netflix
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(BUENOS AIRES).- Lina (Nadia de Santiago) está empezando de nuevo: se muda de casa, busca un nuevo trabajo y prueba nuevas experiencias. Pero lo que intenta en realidad es olvidar un amor del pasado, su primer amor, en una serie de Netflix que explora la persistencia del recuerdo romántico.

La protagonista atraviesa un momento de reconstrucción personal. Cada mudanza, cada entrevista laboral y cada salida distinta forman parte de una estrategia para mantenerse ocupada y dejar atrás a Nico, interpretado por Álvaro Cervantes. Sin embargo, el presente siempre vuelve a conectarse con aquello que no termina de soltar.

Nico no es solo una expareja: fue el primer amor, el que marcó a fuego. La historia plantea un vínculo que ya no está, pero que sigue ocupando espacio en la cabeza y en las decisiones cotidianas de Lina. No hay una sola escena de ruptura explícita; la separación ya ocurrió y lo que vemos son sus consecuencias emocionales.

La sinopsis de la producción describe que cada día Lina intenta que el tiempo que pasa pensando en Nico sea un minuto menos para así poder avanzar con su vida. La serie de Netflix convierte esa lucha interna en el eje narrativo: el conteo mental de minutos funciona como un termómetro del duelo amoroso y muestra la dificultad de cortar de raíz con lo que se sintió por primera vez.

Nadia de Santiago y Álvaro Cervantes sostienen el relato con actuaciones que priorizan los silencios y las miradas por sobre los diálogos extensos. La química entre ambos personajes se construye tanto en los flashbacks del pasado compartido como en las escenas donde Lina imagina conversaciones con Nico, un recurso que refuerza la presencia fantasmagórica del amor no superado.

La propuesta no se apoya en grandes giros dramáticos, sino en la acumulación de pequeños gestos y rituales fallidos de olvido. La directora apuesta por un registro minimalista donde cada plano sostiene la incomodidad de una mujer que forcejea con su propia memoria. Los escenarios cotidianos —un departamento a medio desarmar, una oficina impersonal, un bar con amigos que insisten en presentarle gente nueva— subrayan la brecha entre el mundo exterior que avanza y el paisaje interior de Lina, todavía anclado en Nico.

El título de la producción de Netflix remite justamente a esa economía del recuerdo: medir en minutos lo que antes era un océano de horas. La serie evita el subrayado sentimental y propone una mirada clínica sobre el desamor, como quien lleva una contabilidad íntima y anota cada día un pequeño triunfo contra la nostalgia.

Así, el romance se trata menos como un idilio y más como una adicción: la mente que quiere alejarse y el cuerpo que todavía responde al nombre del otro. La puesta en escena refuerza esa ambigüedad con una fotografía de tonos fríos para el presente y una paleta más cálida para los recuerdos, un contraste que marca hasta qué punto el pasado puede resultar más vívido que la rutina del ahora.

Con una estructura que juega con la percepción del tiempo y un tono íntimo, la ficción plantea una premisa universal: nunca se aprende del todo a borrar el primer amor, apenas se consigue, con suerte, ir acortando de a un minuto su recuerdo.