(BUENOS AIRES).- “Nos llamó Longoria por teléfono para comunicarnos la decisión”, reveló Maximiliano Salas sobre el momento en que se enteró de que Eduardo Coudet no lo iba a tener en cuenta en River. La declaración del delantero expuso el malestar que generó en el vestuario la forma en que se manejó su marginación del plantel principal.
Lejos de una charla cara a cara con el entrenador, la noticia llegó a través de un llamado de Longoria, un dirigente que ofició de nexo en una comunicación que no cayó bien puertas adentro. Los futbolistas esperaban otro tipo de manejo en un club de la magnitud de River, y la intervención del directivo para una definición tan sensible terminó por abrir un nuevo foco de conflicto.
La decisión no fue un caso aislado: afectó a más de cinco compañeros de Salas, que también quedaron relegados y ya venían entrenándose de manera diferenciada. Ninguno de los jugadores imaginaba que la confirmación oficial de su salida del grupo principal les iba a llegar de esa manera.
La medida forma parte de la profunda reestructuración del plantel que impulsa Coudet desde su llegada. El técnico busca achicar el grupo y quedarse únicamente con los futbolistas que considera prioritarios para su idea de juego, lo que puso a varios nombres de peso en la lista de prescindibles.
En ese escenario, Salas tiene un pie afuera del club y su continuidad en Núñez aparece prácticamente descartada. El episodio marcó un cambio en la dinámica de gestión interna, con la aparición de Longoria como vocero para decisiones sensibles, un estilo distinto que no todos en el plantel terminan de aceptar. Según sostuvo Salas, el llamado telefónico fue el único contacto que tuvieron para conocer una resolución que afectaba directamente su futuro profesional, sin que mediara una explicación futbolística por parte del cuerpo técnico.
Reestructuración y clima interno
La marginación de Salas y de los otros cinco jugadores responde a una decisión táctica que viene aplicándose desde el arranque del ciclo de Coudet. Los futbolistas apartados ya realizaban trabajos físicos separados del resto del grupo, pero esperaban que la comunicación formal del corte llegara por una vía más directa, con el entrenador o algún integrante de su equipo de trabajo al frente de la conversación.
La intervención de Longoria como intermediario expuso una modalidad de gestión que no termina de ser digerida por completo en el vestuario. Varios de los afectados interpretaron la decisión como un mensaje que priorizó la rapidez operativa por sobre el cuidado de las formas, algo que resulta inesperado dentro de la estructura de un club de la dimensión de River.
El propio Salas explicó que la noticia los tomó por sorpresa y que el mecanismo elegido dejó una sensación de malestar entre quienes quedaron marginados. “Nos llamó Longoria por teléfono para comunicarnos la decisión”, insistió el delantero, en una frase que refleja la incomodidad que atravesó al grupo de jugadores apartados.
Qué sigue para los jugadores marginados
Mientras el equipo intenta enfocarse en la competencia, los jugadores afectados ya evalúan sus próximos pasos. Algunos negocian activamente su salida en un mercado que se mueve rápido, y otros aguardan definiciones contractuales con la prioridad puesta en volver a sumar minutos. La resolución de cada situación dependerá de las ofertas que lleguen en los próximos días y de la postura que adopte el club en cada caso.
Las manifestaciones de Salas añadieron ruido en un momento delicado. Más allá de lo futbolístico, la forma en que se dio el corte dejó secuelas en el grupo y plantea interrogantes sobre el manejo del vestuario en la nueva etapa que transita River.
