(BUENOS AIRES).- Simeone habría dado el visto bueno para que Julián Álvarez pueda dejar el Atlético de Madrid, una señal que modifica el escenario alrededor del delantero argentino. La postura del entrenador aparece en medio de la tensión entre el futbolista, el club y un sector de los hinchas, mientras Barcelona sigue atento a cualquier movimiento que facilite una operación que hasta ahora parecía muy difícil.
La relación entre Álvarez y el Atlético se deterioró después de que el delantero manifestara públicamente su deseo de jugar en Barcelona, al que considera un sueño personal. La dirigencia española mantuvo una postura firme y sostuvo que no tenía intención de desprenderse de una de sus principales figuras. El conflicto dejó de estar limitado a las oficinas y también llegó a las tribunas.
El empate 2-2 ante Villarreal marcó uno de los momentos más tensos del caso. Álvarez regresó después de ausentarse en el debut liguero y fue silbado por parte de los hinchas, en un recibimiento que mostró el deterioro de su vínculo con la afición. Tras ese partido, el club decidió que el delantero se retirara antes que sus compañeros para evitar un nuevo contacto con los aficionados, y Simeone confirmó que esa determinación había sido tomada por la institución, no por el futbolista.
La postura de Simeone y la respuesta del Atlético
Simeone había defendido públicamente a Álvarez durante los últimos días y había remarcado que, mientras siguiera en el plantel, debía ser protegido y acompañado por todos los integrantes del club. El entrenador había sido una de las principales figuras que respaldaban la continuidad del delantero, pero el conflicto con la hinchada volvió incómoda la situación para el jugador y el cuerpo técnico.
La necesidad de contar con atacantes también forma parte de la evaluación de Simeone. La lesión de Alexander Sørloth y las dificultades del equipo para encontrar soluciones ofensivas condicionaron sus decisiones, al punto de utilizar a Ademola Lookman en una posición que no es la ideal para el futbolista. Por ese motivo, una eventual salida de Álvarez podría obligar al Atlético a revisar todavía más su estructura ofensiva.
Barcelona ya había realizado una propuesta de alrededor de 100 millones de euros por Álvarez, pero el Atlético la rechazó y se remitió a la cláusula de rescisión de 500 millones. Las negociaciones deterioraron la relación entre ambos clubes, que además quedaron enfrentados por las acusaciones cruzadas surgidas alrededor del caso. El interés del conjunto catalán, por lo tanto, no es nuevo y podría reactivarse si cambia la postura interna del equipo madrileño.
Julián Álvarez tiene contrato con el Atlético hasta 2030, y la institución mantiene públicamente una posición dura. El club no quiere facilitar su salida, mucho menos rumbo a un competidor directo de LaLiga, por lo que el eventual aval del entrenador no alcanza para cerrar una transferencia. La dirigencia rojiblanca todavía debería modificar su postura para que la operación pueda concretarse.
Julián había sido una de las grandes figuras del Atlético durante la temporada anterior y se había convertido rápidamente en uno de los futbolistas más queridos por la afición. Su deseo de cambiar de club generó una ruptura que ahora parece cada vez más difícil de reparar. Si Simeone efectivamente considera que lo mejor es permitir su salida, Barcelona podría intentar nuevamente una ofensiva antes del cierre del mercado, mientras el Atlético deberá decidir entre retenerlo a cualquier precio o buscar una solución para terminar con un conflicto que ya afecta el clima del equipo.
