(BUENOS AIRES).- “No estoy bien de salud”, admitió Soledad Silveyra en la mesa de Mirtha Legrand, donde reveló que una inflamación crónica en la cadera la obligó a frenar sus funciones teatrales. La actriz contó que arrastra desde hace seis meses una trocanteritis, una dolorosa afección articular también conocida como bursitis trocantérea.
Soledad Silveyra ya arrastraba una fractura en la sexta vértebra lumbar por una caída previa. La suma de ambos cuadros, según explicó, le genera un malestar tan intenso que hasta el acto de caminar se le volvió un esfuerzo. La confesión de Soledad Silveyra puso en agenda una dolencia poco conocida pero bastante más habitual de lo que se cree, sobre todo entre las mujeres.
Qué es la bursitis trocantérea
La trocanteritis es la inflamación de la bursa ubicada en la cara externa de la cadera, sobre el trocánter mayor del fémur. Esa bolsa funciona como amortiguador entre el hueso y los tendones de los glúteos, y cuando se irrita produce un dolor punzante en el costado de la cadera que puede irradiarse hacia el muslo.
“La trocanteritis es una afección muy frecuente, probablemente sea, junto a la artrosis, la primera o segunda causa de consulta por dolor de cadera”, explicó el traumatólogo español Miguel Almaraz. El especialista calcula que nueve de cada diez pacientes son mujeres, en parte por la anatomía más ancha de la pelvis femenina. Una revisión de la Revista Colombiana de Ortopedia y Traumatología señala que este síndrome afecta a entre el 10% y el 25% de la población general, con una incidencia estimada de 1,8 casos cada 1.000 personas por año.
Uno de los mayores desafíos clínicos es que los síntomas se confunden con los de una lesión discal lumbar, justo el otro frente que atraviesa Soledad Silveyra. Mientras la trocanteritis duele al presionar el hueso y empeora al acostarse del lado afectado, un problema de disco suele venir acompañado de hormigueo, adormecimiento o pérdida de fuerza en el pie. Para distinguirlos se requiere un examen físico y, en algunos casos, una resonancia o una ecografía.
Entre los factores que favorecen la aparición del cuadro figuran el sobreuso por movimientos repetitivos, los golpes o caídas, el sobrepeso, las asimetrías en la longitud de las piernas y pasar largas horas de pie, algo frecuente en la actividad teatral. El tratamiento de primera línea combina reposo relativo, aplicación de frío local, antiinflamatorios y fisioterapia con ejercicios de estiramiento y fortalecimiento de la zona glútea. Cuando esas medidas no alcanzan, se recurre a infiltraciones con corticoides o, en casos puntuales, a la cirugía.
El pronóstico suele ser favorable: la mayoría nota alivio en semanas y logra retomar su rutina habitual. Sin embargo, la recuperación puede estirarse más en personas mayores o con cuadros crónicos, y abandonar la rehabilitación antes de tiempo o someterse a una sobrecarga física puede reactivar la inflamación.
