(BUENOS AIRES).- “Gaaaaaaanó Boca”, lanzó Tato Aguilera, y la frase le puso voz a lo que había pasado en la cancha: Boca derrotó 3-1 a Deportivo Recoleta en la ida de los octavos de final de la Copa Sudamericana y dejó encaminada la clasificación con una remontada que tuvo un solo dueño.
La primera mitad había encendido las alarmas. El conjunto paraguayo se puso en ventaja y el Xeneize no encontró la precisión para transformar las ocasiones en goles. La falta de eficacia que lo había complicado en otros partidos volvió a aparecer y Recoleta sostuvo la diferencia hasta el entretiempo. Boca generó situaciones pero chocó una y otra vez contra su propia falta de puntería, y el resultado parcial dejaba un sabor amargo en La Bombonera.
Ahí apareció Rodolfo Arruabarrena. El entrenador mandó a la cancha a Sebastián Villa por Blanco y el partido cambió de dueño. El colombiano le dio velocidad, profundidad y desequilibrio a un equipo que hasta ese momento no lograba imponerse. La jugada le salió redonda al Vasco: el ingreso del atacante no solo aportó frescura ofensiva, sino que modificó por completo la postura del equipo en el campo.
Con Villa en cancha, Boca modificó la estructura, ganó metros y empezó a atacar con mucha más intensidad. El equipo salió del descanso con otra actitud, presionó más arriba y generó peligro con frecuencia. Las ocasiones que en la primera etapa se diluían sin consecuencias ahora se transformaban en llegadas profundas, y el gol de empate fue una consecuencia lógica de esa nueva dinámica. El paraguayo, en cambio, terminó completamente replegado ante la superioridad del local.
El propio Tato Aguilera remarcó el acierto después del encuentro. Sumó que Boca “jugó muy bien el segundo tiempo” y señaló el ingreso de Villa por Blanco como la clave que le permitió al conjunto de Arruabarrena cambiar la cara y encaminar la remontada. Para el periodista, la modificación táctica fue el punto de quiebre que torció la historia de un partido que se presentaba cuesta arriba.
A partir de esa transformación, Boca consiguió dar vuelta el resultado y se llevó una ventaja de dos goles para la revancha. Con el 3-1 consumado, el Xeneize se aseguró un margen que le cambia la ecuación de cara al viaje: incluso una derrota por un gol en Paraguay le alcanzaría para meterse en la siguiente fase. La diferencia le permite viajar a Asunción con tranquilidad, aunque la clasificación recién se definirá en suelo guaraní y nadie en el plantel da nada por sentado.
La actuación del segundo tiempo dejó una señal fuerte para Arruabarrena: Villa volvió a demostrar que puede ser determinante cuando encuentra espacios y tiene libertad para atacar. El colombiano, que supo ser figura en otras noches coperas, ratificó que su velocidad punzante es un recurso diferencial para un Boca que necesita recuperar confianza en el plano internacional. La serie todavía no está cerrada, pero el 3-1 en La Bombonera le da al Xeneize el control absoluto de los octavos de final y la chance de liquidar la historia en la revancha.
