(BUENOS AIRES).- “Me emanciparon a los 15, 16 años para poder hacer facturas”, contó Agustín «Rada» Aristarán. En la noche del sábado 26 de septiembre, Agustín Rada recordó en La noche de Mirtha cómo empezó a trabajar durante la adolescencia para reunir dinero y formarse en Buenos Aires. Sus primeros ingresos surgieron de un grupo de magos e ilusionistas que había armado en Bahía Blanca, su ciudad natal.
La emancipación se produjo cuando tenía 15 años, aunque Agustín Rada también la recordó como algo ocurrido a los 15 o 16. “Me emanciparon a los 15, 16 años para poder hacer facturas. Yo me había armado como un grupo de magos, iban a hacer shows a fiestas y yo tenía que poder cobrar esa guita”, explicó Agustín «Rada» Aristarán. La medida le permitió facturar por sus proyectos, firmar contratos, viajar y administrar sus ingresos de manera independiente.

Los shows de magia y música reunían a Agustín Rada con compañeros adultos, mientras él era el más joven del grupo. “Me había armado una mini pyme de magos en eventos”, bromeó Agustín «Rada» Aristarán durante el recuerdo de esos comienzos. La actividad le daba una forma profesional a presentaciones que habían empezado con algunos trucos y con la intención de trabajar en fiestas.
El objetivo de ese trabajo era juntar plata para viajar a Buenos Aires y tomar clases, porque en Bahía no había esa formación. “Necesitaba laburar para poder juntar guita y venir a Buenos Aires a tomar clases. En Bahía no había, yo me transformé en mago sin ser mago. No era mago, sabía un par de trucos. Estudiaba malabares, iba a pantomimas, teatro y danza y canto… Y a la escuela”, relató Agustín «Rada» Aristarán. La magia funcionó como una vía de ingresos para sostener una formación que incluía distintas disciplinas artísticas y la escuela secundaria.
La adolescencia de Agustín Rada quedó repartida entre los estudios secundarios, las presentaciones y una agenda de prácticas artísticas. Los malabares, la pantomima, el teatro, la danza y el canto formaban parte de ese recorrido, que desarrollaba mientras buscaba llegar a Buenos Aires para continuar su formación. Esa combinación convirtió sus primeros trabajos en el medio para pagar las clases que quería tomar.
El escupir fuego fue otra de las prácticas que aprendió en esos años, aunque Rada la describió como poco higiénica y desaconsejó repetirla. “Tenías que comerte una cucharada de arroz crudo por si caía kerosene en el estómago. No lo hagan en sus casas, no estoy diciendo que está bien”, contó Agustín «Rada» Aristarán. El artista también confesó que había decidido ocultarles a sus padres que realizaba esa práctica.
La emancipación no rompió el vínculo con sus padres: ellos continuaban acompañándolo y estaban atentos a que cumpliera con sus responsabilidades escolares. “Cuando me iba mal en la escuela mis viejos llamaban a los clientes para decirles, ‘Agustín no va porque debe Matemática’, y era tremendo… ‘Mamá, dejame’”, recordó Agustín «Rada» Aristarán entre risas. Años después, aquella organización entre trabajo, escuela y formación artística quedó como parte de una historia que lo acercó al mundo artístico y le permitió financiar su viaje a Buenos Aires.
