(Por Carolina Mena Saravia para El Intransigente).- Durante décadas, el solo nombre de Beaujolais era sinónimo de Beaujolais Nouveau. Cada tercer jueves de noviembre, millones de botellas llegaban al mercado con un vino fresco, frutado y pensado para beber apenas unas cuantas semanas después de la vendimia. Joven, muy joven, este vino recorría el mundo en un abrir y cerrar de ojos. El fenómeno comercial fue tan exitoso que terminó eclipsando una realidad mucho más profunda, porque esa misma región en Francia era capaz de elaborar vinos de una calidad singular.
Y sí, estamos hablando de la otra cara de la moneda, una misma región capaz de elaborar algunos de los vinos más refinados de Francia. Y este es el cambio que plasma la prestigiosa publicación Decanter, donde la presentación de su edición especial está dedicada a Rioja y Beaujolais, dos regiones míticas de España y Francia.
Su editora, Amy Wislocki, confesó haber quedado «cautivada por la belleza de sus vinos» y reveló que el vino que más disfrutó durante la presentación del libro de Natasha Hughes fue precisamente un Chiroubles. No se trató de una simple recomendación de compra, sino del reconocimiento a un cru que había permanecido durante décadas en un discreto segundo plano frente a nombres con mucha más prensa, como Fleurie, Moulin-à-Vent o Morgon.
Situado en el extremo occidental de Beaujolais, Chiroubles es el cru de mayor altitud de la región. En esa zona, asentados sobre laderas graníticas de entre 250 y 450 metros sobre el nivel del mar, sus viñedos de cepa gamay se ven favorecidos con una maduración lenta y pausada.
Esta tranquilidad que ofrece la zona da lugar a vinos de gran delicadeza aromática, con notas de flores y frutas como frambuesas y cerezas, que, sumadas a una marcada frescura y una elegancia, dan lugar al merecido reconocimiento que hoy disfruta. Porque allí donde reina el cambio climático, la altitud y el terroir son sus fortalezas.
Y el interés de nuevos consumidores, sommeliers y conocedores del vino va de la mano de las ventajas que estas condiciones geográficas le brindan, cuando otros crus buscan preservar la frescura natural de sus vinos. Y esa zona es Chiroubles.

Beaujolais Nouveau y los crus de Beaujolais
Si bien la denominación Beaujolais se repite, los crus hablan por sí solos y, para ello, es necesario derribar un mito que al día de hoy está muy instalado. El Nouveau representa un estilo de vino elaborado para consumirse inmediatamente después de la cosecha. Un cru, sin embargo, es el punto máximo de la calidad de la región y, en este concepto, entran a jugar factores como el carácter del terroir, con vinos de mayor complejidad y profundidad, con gran capacidad de evolución en botella.
Beaujolais cuenta con diez crus: Saint-Amour, Juliénas, Chénas, Moulin-à-Vent, Fleurie, Chiroubles, Morgon, Régnié, Brouilly y Côte de Brouilly. Todos elaboran sus vinos principalmente a partir de la variedad gamay, aunque cada uno desarrolla una personalidad propia gracias a la conjunción de factores como la orientación, la composición de los suelos, las condiciones climáticas y la altitud.
Entre ellos, Chiroubles ocupa un lugar muy particular, ya que sus viñedos se encuentran entre los más elevados de Beaujolais, favorecidos por laderas graníticas muy pronunciadas, que ameritan una cosecha totalmente manual por la imposibilidad de introducir maquinaria vitivinícola. A su vez, la altitud provoca una maduración más lenta y facilita que conserve una frescura excepcional, generando vinos de marcada expresión floral, con notas de fruta roja vibrante, acidez precisa y una elegancia que nunca perdió, pero que hoy vuelve a llamar la atención mundial.
¿Moda? ¿Señales del mercado? ¿Nuevos guiños de marketing? Nada de eso parece ser cierto, porque la singularidad es que esa calidad no siempre se refleja en los vaivenes del mercado. Desarrollar un proyecto en pendientes tan escarpadas aumenta considerablemente los costos de producción, mientras que el reconocimiento comercial continúa siendo inferior al de otros crus mucho más famosos. Y aquí radica el interés que hoy despierta Chiroubles, que no es otra cosa que la excelente relación calidad-precio dentro de la gama alta de vinos franceses.
Y de la mano de esta revalorización existe un grupo de productores que transformó para siempre la historia moderna de Beaujolais. Jean Foillard, Marcel Lapierre, Guy Breton y Jean-Paul Thévenet, hoy nombrados por la prensa especializada como el «Gang of Four«, son verdaderos referentes. No erigieron una asociación formal; simplemente se trataba de cuatro amigos, estrechamente influenciados por el enólogo Jules Chauvet, con el convencimiento de que la cepa gamay podía producir grandes vinos de terroir y no únicamente vinos jóvenes destinados al consumo inmediato.
Y para ello se dedicaron a perfeccionar las técnicas tradicionales. La táctica consistió en seguir trabajando con racimos enteros y complementar esa práctica con la maceración semicarbónica, método característico de Beaujolais en el que el dióxido de carbono se genera naturalmente dentro del depósito gracias a la fermentación de las uvas que se rompen en el fondo. Ciencia y biología puestas al servicio de la excelencia. A este procedimiento sumaron el bajo rendimiento, complementado con vendimias manuales, una mínima intervención en bodega y un respeto genuino por el viñedo.
Y ¡voilà! Un resultado que sorprendió incluso a los críticos más experimentados. La cepa gamay, durante años asociada a la velocidad y ligereza del Beaujolais Nouveau, dio a luz vinos con capacidad de envejecimiento de diez a veinte años, en especial en crus como Moulin-à-Vent y Morgon.
Uno de los primeros en comprender el alcance de esta transformación y en difundirla fuera de las fronteras francesas fue el importador estadounidense Kermit Lynch. Con el paso de los años, críticos como Jancis Robinson también destacaron el enorme potencial de los grandes crus de Beaujolais y contribuyeron a echar por tierra el encasillamiento al que la cepa gamay y la región habían quedado circunscriptas bajo el concepto del Beaujolais Nouveau.
Y la evolución no pudo detenerse. La experimentación vino de la mano de muchos productores que alternaban ensayos, probando distintos porcentajes de despalillado, calibrando los tiempos de maceración y ajustando los tiempos de crianza. La misión era una sola: reconocer la identidad de la gamay, privilegiando el terroir y la calidad por sobre el volumen.
Hoy Beaujolais es Nouveau, pero también, en las antípodas, representa la excelencia de sus diez crus, cada uno con identidad propia y capaces de representar a Francia con la elegancia que siempre la caracterizó. Si Decanter habla de Chiroubles es reconocer algo que hoy sale a la luz, pero que comenzó a gestarse hace cuarenta años.

