(BUENOS AIRES).- «Estamos al tanto de lo de Mati, vamos a ver qué es lo que se resuelve. Yo quiero que se quede, pero hay un montón de cuestiones, como el futuro de los chicos… Es un jugador que me gustaría contar con él, pero si él y la dirigencia resuelven que se tiene que ir, listo, es el futuro de muchos de estos chicos que tienen ilusiones». La frase es de Omar De Felippe, técnico de Talleres de Córdoba, y anticipaba la tratativa que finalmente no prosperó: Boca cerró el mercado de pases sin incorporaciones, pese a contar con el cupo habilitante por la lesión de Tomás Aranda.
La operación que se cayó a último momento fue la de Matías Galarza, el volante de 24 años que aparecía como reemplazante del juvenil lesionado. Boca había llegado a un acuerdo con el jugador por su posible contrato y el futbolista le manifestó al presidente de Talleres su intención de que el traspaso se concretara, pero las charlas entre los clubes no encontraron un punto en común. Pese al desenlace, el mediocampista sigue siendo el elegido por Riquelme como primer refuerzo de cara a 2027, y las partes quedaron cerca: la negociación quedó proyectada para la ventana de diciembre.
La primera oferta xeneize fue de 4 millones de dólares por el 80% del pase, un monto que la T rechazó porque pretendía venderlo por 6 millones, el valor de su cláusula de rescisión. Talleres, dueña del 60% de la ficha (el 40% restante pertenece al Genk de Bélgica), terminó de sepultar la negociación con un reclamo viejo: exigió incluir en la transferencia la cancelación de una deuda de unos 2.500.000 dólares que Boca mantiene con el club cordobés por los derechos formativos de Cristian Pavón, un dinero que el club de la Ribera le había adelantado en 2018 por una potencial venta del atacante que nunca ocurrió. Pavón terminó yéndose libre en 2022 y la justicia falló en primera y segunda instancia a favor de Boca, que debe cobrar ese monto más intereses. Sin acuerdo sobre ese punto, el fichaje se desarmó.
La lesión que abrió el cupo y la apuesta interna
El origen de la búsqueda de un quinto refuerzo fue la fractura de peroné en la pierna derecha de Tomás Aranda, confirmada el 27 de agosto tras un entrenamiento. El juvenil de 19 años, titular fijo para el Vasco Arruabarrena, será operado por el doctor Jorge Batista en el Sanatorio La Trinidad y estará al menos cuatro meses afuera: Boca lo descarta para el resto de 2026 y apunta a recuperarlo para la pretemporada 2027.
Con el libro de pases cerrado, el cuerpo técnico resolvió el vacío desde adentro. Arruabarrena definió a Alan Velasco como primera opción para el puesto de enganche, con Lautaro Bianco, futbolista de la Reserva de Mariano Herrón, como segunda alternativa. Además, el DT pidió el retorno de Jabes Saralegui, hoy a préstamo en Tigre: quiere su vuelta cuanto antes y, si no se da ahora, será a fin de año.
Galarza, nacido en San Isidro el 4 de marzo de 2002, surgió de Argentinos Juniors, fue transferido al Genk por 6 millones de dólares a mediados de 2022 y regresó al fútbol argentino en 2024 para sumarse a Talleres a cambio de 3,6 millones de euros. Tiene contrato con el club cordobés hasta diciembre de 2028, y su nombre ya había sonado en Boca en el pasado: el francés Robert Pires, tras verlo en la cancha de Argentinos, declaró: «El 15 de Argentinos. Galarza. Marcó el segundo gol. Es un poco parecido a Riquelme, por la manera de correr y manejar el balón. Tiene buena técnica».
Boca cerrará 2026 con los cuatro refuerzos de la ventana invernal: Álvaro Montero, Leandro Lozano, Sebastián Villa y Enner Valencia, mientras en las próximas semanas recuperará a Rodrigo Battaglia, ya en la etapa final de su rehabilitación por una rotura de tendón de Aquiles. El plantel, concentrado en Brasil, prepara la revancha de cuartos de final de la Copa Sudamericana ante San Pablo y, si la AFA ratifica su presencia pese al reclamo de Vélez, también disputará los cuartos de final de la Copa Argentina contra Racing. En diciembre, con el mercado reabierto, la prioridad vuelve a tener nombre: Matías Galarza.
