(BUENOS AIRES).- Donald Trump recibió personalmente a Xi Jinping este miércoles en la Base Conjunta Andrews, en las afueras de Washington, durante la primera visita de Estado del mandatario chino a la Casa Blanca en más de una década. Xi llegó a Estados Unidos para una agenda de tres días, en un gesto que abrió un nuevo contacto al más alto nivel entre las dos principales potencias económicas y militares.
La recepción incluyó la presencia de Trump y la primera dama, Melania Trump, junto a Xi y su esposa, Peng Liyuan, sobre una alfombra roja de 30 metros desplegada en la pista de aterrizaje. El avión que transportaba al presidente chino aterrizó en la base, donde se dispuso una guardia de honor integrada por militares con uniforme de gala y varios aviones de combate. Dos bombarderos B-1 sobrevolaron el lugar para acompañar la llegada.
La visita de Estado de Xi representa su primer regreso a la Casa Blanca desde 2015, cuando gobernaba Barack Obama. El encuentro con Donald Trump será además el tercero entre ambos desde el regreso del republicano al poder: los anteriores fueron en octubre del año pasado en Busan, Corea del Sur, y en mayo de este año en Pekín. El embajador chino en Washington, Xie Feng, planteó la necesidad de construir una “estabilidad estratégica constructiva” y aclaró que la fórmula “no es un eslogan”, sino un llamado a actuar “en la misma dirección”.
Comercio, tecnología y Taiwán en la agenda
La jornada central será este jueves, con una ceremonia formal de bienvenida en la Casa Blanca y una reunión bilateral entre los dos presidentes. El programa incluirá una exhibición militar con un bombardero B-2 Spirit y cuatro cazas F-22 Raptor, seguida de conversaciones sobre la tregua comercial, la guerra de Irán, el futuro de Taiwán y la competencia por el desarrollo de la inteligencia artificial. Marco Rubio sostuvo que Washington y Pekín tienen “la obligación de interactuar y hablar al más alto nivel” pese a sus “importantes discrepancias”.
Scott Bessent, secretario del Tesoro de Estados Unidos, anunció que Washington y Pekín acordaron extender hasta el 10 de enero la tregua comercial entre ambos países. La distensión estaba prevista para finalizar el 10 de noviembre, una fecha que había quedado como uno de los principales puntos de tensión antes de la prórroga. También se espera una reducción mutua de aranceles bajo el objetivo denominado “30 por 30”, que contempla eliminar 30.000 millones de dólares en bienes importados por cada lado.
La inteligencia artificial ocupará otro lugar central en las conversaciones. Estados Unidos observa con preocupación la destilación, es decir, el uso de modelos estadounidenses por parte de empresas chinas para entrenar los propios, y el posible uso peligroso de modelos chinos por actores malintencionados. China, en cambio, no quiere que el debate sobre seguridad sea utilizado para limitar su desarrollo tecnológico.
Taiwán aparece como otra de las cuestiones sensibles para Pekín: el periódico oficial chino señaló como líneas rojas la cuestión de la isla, la democracia y los derechos humanos, los sistemas y vías políticas, y el derecho al desarrollo. China podría respaldar su posición en un comunicado conjunto firmado en 1982, en el que Washington expresó su intención de reducir gradualmente las ventas de armas a Taiwán, y también buscaría que Estados Unidos suspenda entregas de armamento ya adquiridas por la isla.
La agenda protocolar continuará el jueves por la noche con una cena de Estado ofrecida por Donald Trump y Melania para Xi y Peng. El presidente chino permanecerá en Estados Unidos hasta el viernes, cuando visitará junto a Trump los Archivos Nacionales, donde se conservan la Constitución y la Declaración de Independencia, en el marco de las celebraciones por el 250 aniversario de la independencia estadounidense.
