ESPECTÁCULO

Gustavo Cerati y su primer gran amor: cómo conoció a Silvia y cuánto duró su romance

 

La relación comenzó en 1977, cuando el músico terminaba el secundario y daba sus primeros pasos en distintas bandas.

 
Gustavo Cerati
Gustavo Cerati

(BUENOS AIRES).- “Un romántico empedernido, un enamorado de la vida: toda su vida estuvo enamorado”, recordó Silvia Fernández. La biografía Algún tiempo atrás. La vida de Gustavo Cerati, de Sergio Marchi, reconstruye el vínculo que convirtió a Gustavo Cerati en su primer gran amor: una relación de más de cuatro años que empezó en 1977, cuando él terminaba el secundario y comenzaba a tocar en distintas bandas.

Silvia Fernández y Gustavo Cerati se conocieron en un baile de carnaval del Club YPF, frente al Club Ciudad de Buenos Aires, en 1977. Ella cursaba tercer año en el colegio de monjas Compañía de María y él estaba en quinto; desde febrero de ese año, Silvia pasó a ser la novia seria de Gustavo. “Gustavo era un chico divino, un dulce total”, dijo Silvia Fernández.

Silvia tenía 15 años, era tres años menor y vivía a cuatro cuadras de la casa de Cerati, en Avenida Elcano, entre Álvarez Thomas y Delgado. El noviazgo fue formal e incluyó reuniones familiares y visitas a la casa que la familia de él llamaba la casita, en San Isidro. “Nuestra relación era de noviazgo formal y eso incluía salidas familiares; tengo un vago recuerdo de ir a la casa de unos tíos donde hacían asados a la noche y también a un lugar que su familia llamaba la casita, en San Isidro”, contó Silvia Fernández.

Gustavo Cerati atravesaba sus últimos días en el Instituto San Roque mientras avanzaba con sus primeras experiencias musicales. Integró Koala, después fue suplente del guitarrista de Manuela Bravo y pidió una prórroga del servicio militar; Silvia lo describió como detallista, perfeccionista y exigente. “Gustavo vivía con poco, el viejo le daba dinero pero a él no le importaba nada, ni tener una buena pilcha ni un buen par de zapatos. Se ponía las zapatillas Topper y con eso iba a todos lados”, contó Silvia Fernández.

La relación acompañó el crecimiento de Cerati hasta que la música, la universidad y la vida social empezaron a separarlos. Comenzó Comunicación Social en la Universidad del Salvador, conoció allí a Zeta Bosio, integró Savage y recibió la primera Gibson SG, comprada por su padre en Estados Unidos. Cuando Savage tuvo la oportunidad de tocar en Punta del Este, el padre de Silvia le prestó el dinero para el viaje; al regresar, Cerati se lo devolvió y terminó el noviazgo.

La ruptura se produjo después de ese viaje y Cerati habló primero con los padres de Silvia para explicarles por qué pensaba terminar la relación. Luego conversó con ella: “Después habló conmigo y estuvimos de acuerdo con que lo nuestro se había desgastado y que queríamos cosas distintas”, dijo Silvia Fernández. El noviazgo terminó cuando ambos empezaban a crecer en direcciones diferentes.

Silvia nunca volvió a ver a Cerati, aunque amigos y familiares le contaron que él preguntaba por ella. “Gustavo es un recuerdo mío muy lindo, muy puro, muy limpio y por eso hasta ahora no quise contárselo a nadie”, afirmó. La historia quedó reconstruida en la biografía de Marchi, el cuarto libro biográfico del autor, y sumó a Silvia a los romances de Gustavo Cerati que suelen quedar fuera de las menciones más conocidas. Cerati murió en 2014, a los 55 años.