(BUENOS AIRES).- “Tras librarse de una relación abusiva, una joven madre hace trabajos domésticos, mientras lucha por construir un mejor futuro para ella y su hija”. Esa sinopsis resume «Las cosas por limpiar», la miniserie de Netflix que sigue ganando seguidores desde su estreno, el 1 de octubre de 2021. Son apenas 10 episodios de unos 50 minutos cada uno, con historia cerrada, ideales para una maratón de fin de semana.
La trama sigue a Alex, interpretada por Margaret Qualley en un papel que cosechó elogios de la crítica internacional y múltiples nominaciones en la temporada de premios. Es una joven de 23 años, madre de una niña de dos, que huye en medio de la noche de una relación marcada por el abuso. Sin recursos ni red de contención, acepta trabajos de limpieza en casas de familias con dinero y debe sortear la burocracia del sistema de asistencia social, la precariedad económica y sus propias secuelas emocionales.
El detalle más destacado del elenco es la participación de Andie MacDowell, madre de Qualley en la vida real, que encarna a Paula, la inestable madre de Alex, un vínculo que traslada a la pantalla una química genuina. Según la trama, Paula padece un trastorno bipolar no diagnosticado, lo que le suma capas de complejidad familiar a la historia. El elenco se completa con Nick Robinson como Sean, el ex pareja abusiva, Anika Noni Rose y Billy Burke. La miniserie fue creada por Molly Smith Metzler, con Margot Robbie y John Wells como productores.
La historia real detrás de la ficción
La serie está basada en las memorias de Stephanie Land, un libro publicado en enero de 2019 cuyo título puede traducirse como «Criada: trabajo duro, poco pago y una madre que quiere sobrevivir», que se convirtió en best seller según The New York Times. Land quedó embarazada a los 28 años de un cocinero de Port Townsend, Washington, con quien salía desde hacía cuatro meses y que ejercía violencia psicológica contra ella. Se fue cuando él hizo un agujero en la puerta durante una pelea, con su hija de 7 meses en brazos. Después pasó por la casa de su padre, también violenta, y por refugios para personas en situación de calle.
Para subsistir, Land empezó a limpiar casas por 9 dólares la hora, sin seguro social, sin paga por enfermedad ni vacaciones, y recurrió a vales de vivienda, cupones de alimentos y subsidios estatales para el cuidado de su hija. La recesión económica de Estados Unidos en 2008 golpeó aún más su situación. Sus herramientas de trabajo, según relata en el libro, eran dos aerosoles de aromatizante, un recipiente de detergente en polvo, dos esponjas, guantes amarillos, 50 trapos blancos, dos plumeros, una aspiradora y dos trapeadores.
La ficción refleja esa odisea sin caer en el golpe bajo: equilibra el dramatismo con instantes de ternura y pequeñas conquistas cotidianas. El público respondió con comentarios como «Hermosa y desgarradora», «imposible dejar de pensar en esto» y «es una lección de empatía que claramente se ha perdido entre muchos». La serie acumula un 94% de aprobación de la crítica y un 87% del público en Rotten Tomatoes, y fue nominada al Globo de Oro. Tras su estreno escaló en las tendencias de Netflix y comenzó a competir con la coreana «El juego del calamar» en el ranking de lo más visto.
En la vida real, Land logró rearmar su camino: obtuvo una beca para estudiar escritura creativa en la Universidad de Montana, se recibió en 2014 y trabajó como escritora independiente para medios como Vox. Hoy está casada con Tim Faust, vive en Missoula, Montana, con cuatro hijos y dos perros. Los 10 episodios de «Las cosas por limpiar» están disponibles en Netflix para quien busque una serie dramática que no esquiva las aristas más duras de la maternidad, la pobreza y la supervivencia.
