(BUENOS AIRES).- “Es notable que Grossi haya mejorado hasta alcanzar los ocho votos a favor”, analizó Daniel Safran-Hon. Este martes 29 de septiembre, en la cuarta votación indicativa del Consejo de Seguridad de la ONU, Rafael Grossi sumó tres apoyos y llegó a ocho votos favorables, con siete negativos y ninguno sin opinión. La costarricense Rebeca Grynspan quedó primera, con 10 respaldos, tres votos en contra y dos sin opinión.
La consulta mantuvo a Grynspan como la principal candidata, aunque la definición continúa abierta. Carolyn Rodrigues-Birkett, de Guyana, reunió ocho votos favorables, seis negativos y uno sin opinión. Grossi obtuvo la misma cantidad de apoyos que Rodrigues-Birkett, pero recibió un rechazo más y quedó tercero. El argentino mejoró su posición después del retroceso de la tercera ronda, realizada el 18 de septiembre, cuando había conseguido cinco votos favorables, ocho negativos y dos sin opinión. Ahora sumó tres respaldos, redujo los rechazos a siete y dejó de registrar votos sin opinión.
Daniel Safran-Hon, exfuncionario de la oficina ejecutiva del secretario general de la ONU, analizó la situación en la carrera: “La candidatura de Rodrigues-Birkett se estancó claramente y aumentan los indicios de un posible veto de Estados Unidos en su contra. Es notable que Grossi haya mejorado hasta alcanzar los ocho votos a favor, pero también cuenta con siete votos en contra, y resulta difícil imaginar cómo podría superar los múltiples vetos a los que potencialmente se enfrenta”. La candidatura de Grossi fue impulsada por el gobierno de Javier Milei, formalizada por la Argentina a fines de 2025 y respaldada también por Italia y Paraguay.
El filtro de los vetos
El Consejo de Seguridad tiene que reunir al menos nueve votos favorables para recomendar a un candidato y, además, evitar el veto de cualquiera de sus cinco miembros permanentes: Estados Unidos, Rusia, China, Francia y el Reino Unido. Los resultados de las votaciones son secretos y no permiten saber cómo se pronunció cada uno de los 15 integrantes ni si alguno de los votos negativos provino de una potencia con derecho a veto.
La Asamblea General interviene después de esa recomendación formal y está integrada por los 193 Estados miembros. Las reuniones de la semana pasada entre Donald Trump y Xi Jinping en Washington, junto con la concentración de líderes mundiales en Nueva York por la Asamblea General, sumaron actividad diplomática alrededor de las candidaturas. China había indicado semanas atrás que le “agradaría” que una mujer fuera electa al frente de la ONU. Grossi dirige el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) desde 2019, tiene 65 años y cuenta con más de cuatro décadas de trayectoria diplomática. Su trabajo en cuestiones de seguridad nuclear, como la guerra entre Rusia y Ucrania y las negociaciones por el programa nuclear de Irán, también incide en el análisis de su candidatura.
En Nueva York, Grossi mantuvo un encuentro con el canciller ruso Sergei Lavrov y enfrenta críticas públicas del Kremlin por su tarea vinculada con la planta nuclear de Zaporiyia. La tensión entre la Argentina y el Reino Unido por la soberanía de las Islas Malvinas aparece como otro posible obstáculo para su candidatura. Ante la Asamblea General, Javier Milei defendió el reclamo argentino y acusó a la ONU de “mirar hacia otro lado con la causa” de las islas.
El mandato de António Guterres termina el 31 de diciembre de 2026. El elegido asumirá el 1° de enero de 2027 por un período de cinco años, pero todavía no se anunció la fecha de la votación definitiva. La cuarta ronda dejó a Grynspan como favorita y a Grossi nuevamente entre los tres candidatos con más apoyos, aunque sin garantías frente al poder de veto.
