(BUENOS AIRES).- La rutina de skincare de día y de noche no exige duplicar productos, pero sí conviene entender qué necesita la piel en cada momento: la mañana se centra en proteger, mientras que la noche es el momento de limpiar en profundidad y aplicar tratamientos específicos. No hace falta una lista interminable de frascos, sino una secuencia bien pensada según la exposición solar, las necesidades de la piel y la tolerancia de cada persona.
Durante el día, la piel está expuesta a la radiación ultravioleta y a otros factores ambientales, por eso el eje de la mañana es la fotoprotección. Una rutina de skincare básica puede arrancar con una limpieza suave, continuar con un producto de tratamiento o hidratación y terminar con el protector solar. La recomendación dermatológica general es usar uno de amplio espectro con FPS 30 o superior, aplicarlo como último paso del skincare antes del maquillaje y reaplicarlo cuando corresponde, sobre todo después de nadar, transpirar o durante períodos prolongados al aire libre.
En la rutina diurna también pueden sumarse activos antioxidantes, como la vitamina C, de acuerdo con las necesidades y la tolerancia de cada piel. Eso sí: no es necesario incorporar un sérum para que la rutina esté completa. Limpieza, hidratación y fotoprotección pueden constituir una base suficiente para la mayoría de los casos.
De noche: limpiar y tratar
La limpieza facial vuelve a ser el primer paso de la noche, en este caso para retirar el protector solar, el maquillaje, la transpiración y la suciedad acumulada durante el día. Después pueden aplicarse productos destinados a necesidades específicas y finalizar con una crema hidratante. Es el momento ideal para incorporar retinoides y determinados ácidos exfoliantes: los retinoides suelen recomendarse de noche porque pueden irritar la piel y aumentar su sensibilidad a la radiación solar.
Ahora bien, no todos los ácidos o activos deben usarse obligatoriamente de noche ni resultan adecuados para todas las pieles. La frecuencia, la concentración y la combinación de productos dependen de cada caso. Cuando se quiere incorporar un retinoide o un ácido como parte de un tratamiento de skincare, una consulta dermatológica puede ayudar a determinar cuál es el más adecuado y cómo introducirlo sin irritar la piel.
En cuanto a los productos compartidos, no hace falta un limpiador para la mañana y otro para la noche, ni dos cremas hidratantes diferentes si la piel responde bien a una misma fórmula. La secuencia básica queda así: de día, limpieza, tratamiento o hidratación y protector solar; de noche, limpieza, tratamiento e hidratación. Los humectantes, que ayudan a retener agua y a mantener la barrera cutánea, pueden formar parte de ambos momentos y resultan especialmente útiles cuando se usan activos que generan sequedad o irritación.
Para quienes no quieren convertir el baño en un laboratorio de cosmética, una alternativa simple es mantener una base similar a la mañana y a la noche —limpieza e hidratación— y hacer una sola modificación: sumar el protector solar durante el día y reservar para la noche los activos de tratamiento que así lo requieran. La cantidad de productos no determina por sí sola la calidad de una rutina, y conviene tener en cuenta que el clima, la humedad, la exposición solar y la respuesta de la piel pueden obligar a ajustar productos o frecuencias según la época del año.
