(BUENOS AIRES).- La eliminación de San Pablo ante Boca por la Copa Sudamericana dejó al descubierto una crisis que va mucho más allá de lo futbolístico. El empate 1-1 en el Morumbis significó el adiós del conjunto brasileño de la competencia y, apenas terminó el encuentro, el delantero Luciano expuso públicamente los atrasos en los pagos. El futbolista aseguró que «nunca recibió su salario en fecha durante su etapa en el club».
La eliminación funcionó como el escenario en el que una tensión que ya existía puertas adentro tomó visibilidad pública. Los atrasos salariales y el malestar con la dirigencia venían acumulándose en las semanas previas al duelo contra Boca. Distintos reportes de la prensa brasileña coinciden en que existe un desgaste importante entre el plantel y la administración encabezada por Harry Massis.
Los números del conflicto son concretos. El club había acumulado tres meses de derechos de imagen sin pagar, correspondientes a junio, julio y agosto. En septiembre, además, se produjo un retraso en los salarios registrados en cartera, algo que representó un agravante porque fue la primera vez que también se demoró esa parte de los pagos.
La situación alcanzó a los futbolistas que llegaron durante la última ventana de transferencias. Algunos de ellos todavía no habían cobrado ni un mes de derechos de imagen y, en los casos más complicados, los retrasos llegaron a los seis meses. El malestar creció porque la dirigencia había mantenido reuniones con los jugadores y realizado promesas para regularizar las obligaciones, que finalmente no se cumplieron en los plazos esperados.
La dirigencia, en el centro de la escena
Uno de los puntos que más preocupa dentro del club es la pérdida de confianza del plantel hacia la conducción. La relación entre las partes quedó deteriorada tras una serie de atrasos y promesas incumplidas, y el problema no se limita a un pago puntual: existe un desgaste acumulado entre jugadores y dirigentes. Tanto, que algunos referentes llegaron a ofrecer ayuda económica a compañeros que pudieran necesitarla ante los retrasos.
Los salarios en cartera fueron finalmente abonados después de una demora de tres días, pero los inconvenientes con los derechos de imagen siguieron siendo un motivo de preocupación para los futbolistas. Antes del duelo decisivo contra Boca, el plantel había decidido concentrarse exclusivamente en buscar la clasificación y dejar las cuestiones económicas para después del partido. La eliminación, sin embargo, terminó dejando a Luciano como uno de los principales portavoces del malestar dentro del grupo.
San Pablo ahora deberá afrontar las consecuencias de un escenario que combina el golpe deportivo de quedar fuera de la Copa Sudamericana con un conflicto económico e institucional que ya era conocido antes del cruce con Boca. La dirigencia tiene por delante el desafío de recomponer la relación con un plantel que reclama el cumplimiento de los compromisos asumidos, mientras el problema expuesto en el Morumbis deberá resolverse lejos de la cancha.
