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Emerson Sheik, el héroe de Corinthians ante Boca en 2012, publicó una carta a horas de un nuevo cruce

El exfutbolista brasileño, autor de dos goles en aquella final de Copa Libertadores, y un mensaje para los hinchas del Timao.

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El momento más importante de la historia de Corinthians fue la Copa Libertadores 2012. Justamente un torneo que le ganó a Boca en la final. A horas de un nuevo cruce internacional entre ambos equipos, Emerson Sheik reapareció públicamente. El héroe del «Timao», autor de dos goles en aquel encuentro de vuelta disputado en San Pablo, le envió una carta a todos los fanáticos del club brasileño.

«Siempre estuve seguro de que marcaría en la final. Con la camiseta del Corinthians, hice 28 en 196 partidos. Hasta el 4 de julio de 2012 había anotado 12, tres en Libertadores, uno en la semifinal ante Santos, en Vila Belmiro. Pero lo que realmente quería era el de la final», comenzó. Y agregó: «Esa noche lo importante para nosotros era ganar el título, algo inédito para el club. Por eso la Libertadores 2012 fue tan especial: yo no tenía el título, el club no lo tenía y la afición se lo merecía».

Emerson también contó cómo fue aquella noche y el partido que lo inmortalizó en el club carioca. «He soñado mil veces con esos movimientos. No hay manera de olvidar. Pero hasta que llegaron los goles y empezó la fiesta, fue una jornada tensa. Tuvimos entrenamiento y concentración. Hablé con Dios y con el mundo ese día, con mi familia, con mis amigos. Recuerdo que Tite nos pidió que estuviéramos 100% concentrados en el juego», sostuvo.

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«Tite y el cuerpo técnico nos mostraron videos de nuestra familia en la conferencia previa al partido como una forma de motivación. Jugamos muy concentrados. Habíamos empatado 1-1 en la Bombonera. Y en Pacaembu, ese 4 de julio, nos mirábamos en el campo y decíamos: ‘Lo logramos'», siguió Sheik. Y aseguró: «Marqué los dos goles en el segundo tiempo. Uno a los ocho minutos, tras un taconazo de Danilo. Y el segundo a los 26, cuando le robé el balón a Boca y solo terminó en la portería».

«De ahí en adelante solo podía pensar que el título estaba muy cerca y que mi familia estaba allí en Pacaembu mirándome hacerlo junto a una multitud que me abrazaría como un ídolo», continuó Emerson. Y cerró: «A partir de ahí, el backstage fue maravilloso. Cuando terminó el partido, comenzamos la fiesta en el vestuario. Me bebí todo y no llegué a casa hasta el día siguiente. Fue una fiesta increíble».