(Por Diego Nofal).- La política de Catamarca es ese teatro donde los actores cambian de careta con una velocidad que ni los artistas callejeros se atreverían a envidiar. El gobernador Raúl Jalil, a quien el Partido Justicialista le queda hoy más incómodo que un traje de neopreno en un día de enero, explora abiertamente sus opciones por fuera de esa estructura que le dio origen pero que ahora lo observa con recelo. La interna peronista se convirtió en un campo minado para el mandatario, y las últimas jugadas revelan que prefiere apostar por el cariño de la Casa Rosada antes que por el abrazo, cada vez más frío, de sus propios correligionarios.
Según fuentes que el periodismo serio cita como “trascendidos de altísimo nivel”, el gobernador estaría tanteando seriamente la posibilidad de competir en 2027 bajo el paraguas de La Libertad Avanza. La noticia, que sacudió el avispero político local con la misma fuerza que un gol en el último minuto, confirma lo que muchos ya sospechaban hace tiempo, que Jalil se siente más cómodo dialogando con Santiago Caputo y el entorno de los Menem que negociando en el comité provincial. La paradoja es tan evidente que hasta los columnistas más indulgentes se permiten una sonrisa al ver a un gobernador de cuna peronista buscando cobijo en el espacio que promete motosierra y licuadora para el mismo Estado que él administra.
La resistencia interna dentro del peronismo catamarqueño no es un invento de los medios, sino una realidad que se mastica en cada reunión partidaria desde hace meses. La conducción nacional del PJ ya le bajó el pulgar al mandatario, y en la jerga política eso equivale a un pasaje de ida hacia el ostracismo o hacia la aventura libertaria, que en este caso parecen ser destinos convergentes. El propio Jorge Capitanich interpeló públicamente a Jalil por el respaldo de sus legisladores a recortes en áreas sensibles como educación y ciencia, dejando en evidencia que dentro del movimiento obrero y de la militancia tradicional ya nadie lo considera un interlocutor confiable.
Saadi emerge con su incuestionable identidad peronista
Mientras el gobernador hace equilibrio en esa cuerda floja, Gustavo Saadi se consolida como el candidato natural del justicialismo para 2027, una figura que emerge con la paciencia del que sabe que el tiempo juega a su favor. El intendente capitalino es visto por un sector importante del PJ como el heredero lógico del oficialismo, y no necesita salir de compras a otros partidos porque su arraigo en la estructura partidaria es genuino y reconocido por propios y extraños. Saadi representa, por decirlo de un modo gráfico y sin ambages, la continuidad de una historia pesada pero también de una identidad que muchos peronistas prefieren antes que el giro copernicano hacia el mileísmo.
La diferencia entre ambos dirigentes es tan marcada que cualquier intento de disimularla resultaría un ejercicio vano, parecido a querer ocultar un elefante en un departamento de dos ambientes. Jalil es un gobernador que se presenta como justicialista mientras tiende puentes hacia el gobierno nacional que ajusta sobre los sectores que ese mismo justicialismo dice defender, una contradicción que ni el más hábil de los escribas podría maquillar con éxito. Saadi, en cambio, sostiene su acumulación política dentro del mismo espacio que lo vio nacer, sin necesidad de ensayar piruetas ideológicas ni de mandar señales ambiguas a Balcarce 50.
Aquí conviene hacer una pausa breve e incómoda para recordar que el apellido Saadi carga con un pasado que ninguna campaña de imagen logrará borrar completamente, por más expertos en marketing que contraten. El crimen de María Soledad Morales en 1990, aquella joven de diecisiete años que fue drogada, violada y asesinada por un grupo de “hijos del poder”, vinculó al entonces gobernador Ramón Saadi con una trama de encubrimiento que todavía provoca escalofríos en la memoria de los catamarqueños. La intervención federal de 1991, decretada por el propio Carlos Menem, barrió con aquel régimen y dejó una mancha que el intendente capitalino heredó sin pedirlo pero que tampoco puede ignorar.
Sin embargo, y aquí viene el matiz que incomoda a los críticos más severos, Gustavo Saadi al menos exhibe sus cartas dentro de la cancha justicialista, sin hacer equilibrio entre dos mundos irreconciliables como sí lo hace Jalil. El gobernador, resistido en su propio partido y desautorizado por las máximas autoridades nacionales del peronismo, parece haber elegido un camino que lo aleja de la liturgia partidaria para acercarlo peligrosamente al abrazo del oso libertario. La pregunta que sobrevuela los despachos de la Casa de Gobierno es si esa estrategia responde a una convicción genuina o simplemente al instinto de supervivencia de un dirigente que se quedó sin red de contención.

¿Jalil sueña con acompañar a Milei en la fórmula?
En ese escenario de tensiones cruzadas y lealtades en oferta, la provincia de Catamarca se prepara para una contienda que promete ser tan impredecible como el resultado de un truco de magia hecho con las cartas marcadas. Jalil sueña con ser el compañero de fórmula de Javier Milei, un anhelo que algunos califican de audaz y otros simplemente de insensato, mientras Saadi teje pacientemente los hilos de una candidatura que se sustenta en la pertenencia y no en la desesperación. Los electores, mientras tanto, observan el espectáculo con una mezcla de resignación y curiosidad, preguntándose si alguien les explicará alguna vez por qué los dirigentes necesitan cambiarse de camiseta cuando el partido recién está comenzando.
Ojalá que la historia, esa vieja maestra que nunca se cansa de repetir sus lecciones, no tenga que recordarnos dentro de unos años que ignorar las advertencias del presente suele ser la especialidad favorita de la dirigencia argentina. Catamarca merece un debate serio sobre su futuro, no un desfile de ambiciones personales disfrazadas de estrategia política ni una competencia donde los apellidos pesen más que las propuestas concretas para resolver los problemas cotidianos de la gente. El show recién empieza, y aunque los actores ya ensayaron sus papeles hasta el cansancio, el final de esta obra todavía no está escrito en ninguna parte.

