(Por Carolina Mena Saravia para El Intransigente).- Tras un 2025 cargado de novedades, el año 2026 arrancó con todo, marcando las siete variedades de vino que son tendencia. Las ferias de vinos y eventos gastronómicos fueron marcando eventos puntuales que se extendieron alrededor del mundo para marcar tendencia, y de las buenas, porque el buen vivir no presenta límites en el horizonte cuando de disfrutar se trata. Abastecerse ahora es la mejor opción para adelantarse a las tendencias.
Para ello, la declaración de Mary Kennedy, sommellier principal de Mara, el restaurante del Four Seasons Hotel Buenos Aires, fue más que contundente al afirmar que pese a que la gente parece decantarse por beber menos alcohol, a la hora de elegir una etiqueta no duda en “gastar más dinero en una de mejor calidad”.
El ávido conocedor echará un vistazo tan pronto a los vinos de Burdeos, Champagne y Napa, pero avezados del mundo del vino, como Sam Scarlett, director de hostelería y bebidas de The Wine Kitchen, predicen que en 2026 los amantes del vino buscarán zonas menos conocidas como Croacia, Georgia, la cuna del vino, Sudáfrica, Portugal, el estado de Washington y Idaho.
Las uvas que empiezan a ganar protagonismo no siempre son nuevas. Muchas llevan décadas en el mundo del vino, pero recién ahora encuentran un público dispuesto a escucharlas. En 2026, esa curiosidad del consumidor se traduce en una apertura clara hacia variedades que hasta hace poco permanecían en segundo plano.
Los especialistas coinciden en que el próximo año estará marcado tanto por el descubrimiento como por el redescubrimiento. No se trata solo de modas, sino de un cambio en la forma de elegir. Lo que antes era periférico empieza a ocupar el centro de la escena, y el consumidor, cada vez más atento, busca adelantarse a ese movimiento.
Chenin blanc
El chenin blanc, originario del valle del Loira en Francia, es quizás el mejor ejemplo de este fenómeno. Durante años relegado a un rol secundario, empieza a mostrar todo su potencial. Su acidez vibrante y su capacidad de adaptación lo convierten en una de las variedades más completas, capaz de acompañar tanto una comida como un momento más informal. Siempre estuvo ahí, pero ahora parece listo para ser reconocido.

Chardonnay
El chardonnay, nacido en Borgoña, vuelve a ocupar un lugar central después de haber sido cuestionado por estilos excesivamente marcados por la madera. Hoy, con versiones más equilibradas, deja que la fruta se exprese con mayor claridad y recupera elegancia. Además, nuevas regiones productoras demuestran que puede mantener calidad sin los precios tradicionales de su origen.
Albariño
El albariño, típico de Galicia y del norte de Portugal, continúa su expansión con paso firme. Lo que comenzó como una recomendación de nicho se convirtió en una presencia cada vez más habitual. Su perfil aromático, fresco y versátil lo hace especialmente atractivo para un público amplio, incluso para quienes no lo conocían hasta hace poco.
Assyrtiko
Desde la isla griega de Santorini, el assyrtiko se instala con fuerza. Es una variedad que interpela a quienes buscan vinos más definidos, con tensión y mineralidad. Sus notas cítricas y su carácter directo lo ubican entre las elecciones más interesantes para quienes quieren salir de lo previsible sin perder frescura.
Vermentino
El vermentino, con raíces en Italia, especialmente en Cerdeña y Liguria, completa este grupo de blancos con una impronta distinta. Ligero, con acidez marcada y una sutil salinidad, remite a paisajes mediterráneos y a una forma de beber más relajada.
Garnacha
La garnacha, de origen español y con fuerte presencia histórica en Aragón, se redefine en tintos más livianos y expresivos. Deja atrás su imagen más estructurada para ofrecer versiones más frescas y accesibles, algo que también se refleja en su excelente relación calidad precio.
Nerello mascalese
El nerello mascalese, cultivado en las laderas volcánicas del Etna en Sicilia, aporta una identidad muy marcada. Sus vinos, más elegantes y de menor graduación alcohólica, responden a una búsqueda actual de fineza sin exceso de peso.
Lo que une a todas estas variedades no es solo su crecimiento, sino el tipo de consumidor que las impulsa. Ya no se trata de elegir por hábito o por nombre, sino por interés. La copa deja de ser un punto de llegada para convertirse en un punto de partida.

