(BUENOS AIRES).- “No quería ser, en ningún caso, un peso para el nuevo entrenador”. Con esa frase, el mediocampista español Ander Herrera rompió el silencio y explicó por primera vez los motivos de su desvinculación de Boca, que se concretó de común acuerdo seis meses antes de la finalización de su contrato.
La llegada de Rodolfo Arruabarrena al banco xeneize marcó un punto de inflexión en la decisión del volante. El nuevo cuerpo técnico le comunicó que no iba a ser una prioridad dentro de su nuevo proyecto, y el jugador interpretó ese mensaje como una señal para dar un paso al costado.
Herrera contó que mantuvo una charla directa con la dirigencia en la que se le planteó el panorama deportivo. “El técnico tenía prioridades por encima de mi persona”, reconoció el exfutbolista, que optó por facilitar la salida sin generar ningún tipo de tensión ni conflicto contractual.
Lejos de cualquier tironeo mediático, el mediocampista dejó en claro que su postura fue priorizar el bienestar del equipo por sobre su situación personal. Su gesto de no querer ser un peso para el nuevo ciclo fue valorado puertas adentro de Boca, que encontró en su actitud una salida limpia para todas las partes.
La desvinculación temprana del jugador de 36 años le permitió a Boca liberar una masa salarial importante y recuperar un cupo de extranjero en el plantel. Ambos recursos le abren margen de maniobra a Arruabarrena de cara al mercado de pases.
Una salida consensuada y sin tironeos
El propio Herrera reveló que la decisión de irse fue consensuada con la dirigencia de Boca. Lejos de cualquier conflicto contractual, el mediocampista entendió que el nuevo cuerpo técnico tenía otras prioridades y decidió no entorpecer la planificación.
"Lo importante era que Boca pudiera avanzar sin obstáculos", señaló el español, que resignó su lugar en el plantel sin condicionar al club ni generar un conflicto mediático.
Pese al cierre anticipado de su etapa en la Ribera, Herrera se fue agradecido con la institución y destacó la experiencia vivida y el cariño recibido. Aseguró que el vínculo afectivo que construyó con Boca no se modifica por cómo terminó su ciclo.
La salida, acordada en buenos términos, fue el corolario de un entendimiento mutuo: Herrera interiorizó que no iba a tener el protagonismo deseado y eligió correrse sin condicionar el presente ni el futuro inmediato del plantel. La rescisión del contrato, que vencía a fin de año, dejó a Arruabarrena con una ficha libre y oxígeno salarial para los próximos movimientos del mercado.
