(Buenos Aires) Las declaraciones de Antonio Laje no tardaron en viralizarse. Durante una emisión de su programa, el periodista lanzó una frase que rápidamente generó repercusiones: “Tienen que hacerle una suerte de psicotécnico a los que compran Amarok. Son de manual”.
Lejos de quedarse allí, profundizó su análisis con una comparación que también despertó controversia. “Pero viste como, por ejemplo, el Bora, siempre de Volkswagen además. El Bora era de chorros, porque la verdad que hubo una época donde los Bora eran los autos de los delincuentes. Esto es lo mismo. No sé qué le pasa a la gente que tiene una característica, muchos de los que compran Amarok, que terminan así”, sostuvo.
Las palabras del conductor reavivaron uno de los estereotipos más instalados del tránsito argentino. Desde hace años existe una percepción extendida entre automovilistas y usuarios de redes sociales que vincula a algunos conductores de Amarok con excesos de velocidad, sobrepasos riesgosos, uso abusivo de luces altas y maniobras intimidatorias en rutas y autopistas.
El origen de un estereotipo que lleva años en las rutas argentinas
El fenómeno alcanzó tal magnitud que incluso aparecieron cuentas dedicadas exclusivamente a recopilar videos y fotografías de infracciones protagonizadas por conductores de Amarok. Muchas de esas publicaciones se hicieron virales y alimentaron una reputación que excede ampliamente las prestaciones del vehículo o la conducta de la mayoría de sus propietarios.
La Volkswagen Amarok es, al mismo tiempo, una de las pickups más exitosas del mercado argentino. Fabricada en General Pacheco, logró posicionarse como una referencia del segmento gracias a su desempeño, confort y a las prestaciones de sus versiones más potentes. Su masiva presencia en calles, rutas y caminos rurales también la convirtió en uno de los vehículos más visibles del país.
Algunos especialistas sostienen que justamente esa popularidad explica parte del fenómeno. Cuantas más unidades circulan, más probable resulta que episodios aislados terminen proyectándose sobre la imagen de todo el modelo. Otros creen que la potencia de determinadas versiones y el perfil de algunos compradores contribuyeron a consolidar una identidad particular alrededor de la camioneta.
La discusión también se trasladó a foros especializados y comunidades de automovilistas. Allí abundan los intercambios entre quienes aseguran haber sufrido situaciones de riesgo protagonizadas por conductores de Amarok y quienes consideran que se trata simplemente de un prejuicio amplificado por internet. Hasta el momento, no existen estadísticas oficiales que permitan afirmar que los usuarios de este modelo protagonicen más infracciones o accidentes que los conductores de otras pickups.
La comparación con el Bora tampoco fue casual. Durante años, ese modelo de Volkswagen estuvo rodeado de una fama similar. En el imaginario popular quedó asociado a las picadas callejeras, la conducción agresiva y, como recordó el propio Laje, incluso a determinados hechos policiales que contribuyeron a construir una imagen que excedía al vehículo en sí mismo.
Más allá de la polémica, las declaraciones del periodista volvieron a instalar una pregunta recurrente: cuánto de realidad y cuánto de construcción colectiva existe detrás de los prejuicios que rodean a determinados modelos de vehículos. Lo cierto es que la inmensa mayoría de los propietarios de Amarok utiliza su camioneta de manera responsable, aunque el estereotipo parece resistirse a desaparecer.
Por eso, la frase de Antonio Laje terminó generando un debate que va mucho más allá de una pickup. En el fondo, expone cómo ciertos vehículos terminan convirtiéndose en símbolos culturales capaces de despertar adhesiones, críticas y controversias mucho después de haber salido del concesionario.
