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VIDA Y ESTILO

El nuevo mapa del vino: por qué Texas y Essex le están robando atención a Burdeos

 

Los resultados del Decanter World Wine Awards 2026, el concurso de vinos más grande e influyente del mundo, organizado por la revista especializada Decanter, fueron anunciados el 17 de junio

 
Vinos de Francia

(Por Carolina Mena Saravia para El Intransigente).- Mientras la producción de vinos de Francia contiene viñedos para sobrevivir a una crisis de sobreproducción que ya lleva años, a más de 8.000 kilómetros un puñado de bodegas de Texas destapaba botellas para celebrar algo que parecía imposible hace una década: una medalla de oro en el concurso de vinos más grande del planeta. Y esto es solo una muestra en el increíble escenario mundial del vino que cambia a gran escala, mostrando un nuevo mapa vitivinícola mundial de la industria.

Los resultados del Decanter World Wine Awards 2026, el concurso de vinos más grande e influyente del mundo, organizado por la revista especializada Decanter, fueron anunciados el 17 de junio. Son números que integran una estadística, pero también son un indicativo que rastrea el dónde y el quién de la vitivinicultura mundial, estableciendo definitivamente que los mejores exponentes del mundo no tienen un mismo código postal, aún logrando una llamativa incorporación de nuevos territorios.

Un concurso, miles de vinos

La edición 2026 del Decanter World Wine Awards 2026 se ocupó de alrededor de 17.000 etiquetas llegadas de medio mundo, y según los propios organizadores, marcó el mejor desempeño general en los 23 años de historia del certamen. Lo que se lee oficialmente son los avances en viticultura y enología que elevaron el nivel de las regiones conocidas como tradicionales y las que recién empiezan a asomar.

La caribeña Caro Maurer, Master of Wine, que por primera vez fue co-chair residente del concurso, lo planteó sin vueltas al referirse escuetamente sobre el espíritu de esta edición: el vino de alta calidad «ahora viene de todos los rincones del globo». Así de simple y sencillo, una sentencia que no necesita explicación, pero que sí está respaldada por todos los cambios que surgieron a nivel vitivinícola durante los últimos años.

Su respaldo es la solvencia con que se maneja, y las estadísticas le dan la razón. Las medallas de este año se repartieron entre 56 países, una cifra que hace apenas diez años hubiera sonado tan lejana como una utopía para cualquier sommelier formado en la tradición franco-italiana. Si hablamos de Castilla-La Mancha, en España, estamos ante un claro ejemplo, ya que obtuvo sus primeras medallas Platino. Saboya, en los Alpes franceses, conquistó su primer Platino en la historia de este prestigioso concurso. Y para no quedarnos atrás, Pico, una isla volcánica perdida en mitad del Atlántico, dentro del archipiélago portugués de las Azores, se llevó también otro galardón: su primer Oro. Segunda premisa, los desconocidos para la élite mundial pasan a ocupar puestos de importancia. Todo un logro.

Ninguno de esos nombres suena, todavía, en las cartas de vino de los restaurantes de moda. Pero el concurso opera como un verdadero trampolín de marcas: lo que hoy es una mención, en cinco años puede ser tendencia, dada por la amplificación de un mensaje cuya comunicación se multiplica en el mundo por la calidad del galardón. Eso fue lo que pasó con Nueva Zelanda en los noventa, con Sudáfrica a principios de los dos mil y con una buena proporción de lo que en el mundo vitivinícola se conoce como España «periférica» en la última década.

Texas, el secreto mejor guardado del vino norteamericano

El público del vino mundial sigue con la boca abierta, y no es para menos, porque surgió el nombre de una zona que antes no era tenido en cuenta: Texas. El estado, asociado al petróleo, el commodity estrella, y las botas vaqueras, accesorio infaltable junto al popular sombrero, se destacó con su Pinot Noir. Este año sumó sus primeras medallas de Oro en la historia del Decanter World Wine Awards 2026: son cuatro en total, repartidas entre variedades poco habituales para el paladar argentino, como el tannat y el souzao, además de un infaltable tempranillo.

Los ganadores emergieron casi todos desde la misma zona, Texas Hill Country, un territorio que empieza a ganarse la bien merecida fama de «Napa texano» entre los conocedores. Allí, bodegas como AB Astris, Turtle Creek o Spicewood Vineyards vienen sumando méritos hace años a un estilo propio, lejos de copiar fórmulas californianas, en un clima cálido y seco, que en algunos aspectos nos recuerda más al sur de España que al resto de Estados Unidos.

Y hay un dato que explica por qué Texas es todavía una rareza fuera de sus fronteras: prácticamente ningún vino texano se vende fuera del estado. Esto fue confirmado por Zoe Ward, ejecutiva vinculada a la promoción turística de Texas, con una frase que funciona casi como eslogan: «Ningún vino de Texas se vende fuera de Texas«. Esa exclusividad geográfica, por esas cosas de la vida, se está convirtiendo en un atractivo turístico: cada vez más viajeros eligen Fredericksburg, el corazón de Hill Country, como destino de fin de semana para un paseo enológico, que ofrece una cartera de 75 bodegas para recorrer.

Virginia es el otro estado norteamericano que se destacó. Fue toda una revelación, y sumó cinco medallas de Oro, destacándose con su mejor actuación histórica en el concurso con su estrella: el cabernet franc, que fue el gran protagonista de varias de sus etiquetas premiadas. Entre California, Oregon y Washington, los tres pesos pesados habituales del vino estadounidense, le surgieron en el escenario competidores como Texas y Virginia, midiéndose codo a codo, algo realmente impensado hace cinco años.

Essex, lo conocido y lo nuevo

Texas no fue la única sorpresa. Del otro lado del Atlántico, en un clima diametralmente opuesto, frío, húmedo, marginal para la vid según cualquier manual clásico de enología, el condado inglés de Essex se llevó otro premio: un Best in Show en la categoría espumantes y empezó a sonar entre los jueces como la próxima gran revelación para el Pinot Noir, la cepa de los climas fríos.

“Nunca hubo un mejor momento para beber vino”, afirmó Pierre Mansour, juez y presidente regional del Decanter World Wine Awards, según CNN Travel, durante una degustación previa de los mejores vinos de 2026, y agregó: “Estamos atravesando una edad de oro del vino. Es algo extraordinario”.

El contraste entre Texas y Essex resulta, en sí mismo, un buen indicativo sobre hacia dónde va el vino mundial: dos extremos climáticos, dos historias completamente distintas, llegando al podio por caminos opuestos que se unen en un solo destino. Uno por el calor y la sequía bien tratados; el otro por aprovechar el cambio climático a su favor para producir, en pleno sur de Inglaterra, espumantes que ya compiten con la zona de Champagne en algunas catas a ciegas. Ya tenemos el ejemplo del célebre Juicio de París de 1976.

Esta información existe y tenemos el deber de procesarla correctamente. Francia, aún con sus problemas actuales en Burdeos, fue el país más fuerte del concurso. Obtuvo 254 medallas de primer nivel y su mejor resultado desde que existe el mencionado concurso. La zona de Borgoña, en particular, lideró el mundo entero en cantidad de nominaciones Best in Show, una confirmación más de que sigue siendo, pese a todos sus problemas actuales, el corazón simbólico del vino prémium. Italia quedó en segundo puesto en el ranking general, con 144 medallas top que se repartieron entre Toscana, Piamonte, Sicilia y Lombardía.

Estas novedades no afirman que Francia o Italia hayan perdido liderazgo. Lo que sí hay que tener en cuenta es que el mundo cambió, y por primera vez, no están solas en el vasto mapa mundial para público exigente. Los contrastes son demasiado vívidos: mientras una parte de Burdeos arranca viñedos con subsidios estatales para sobrevivir a la sobreproducción y la caída del consumo, a miles de kilómetros hay bodegas jóvenes, como es el caso de Texas o el sur de Inglaterra, que comienzan una nueva historia plantando las suyas, con la misma fe de quienes hace siglos siguieron ese camino.