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ESPECTÁCULO

La vida íntima del Indio Solari: el amor, su hijo y sus pasiones ocultas

 

El hombre que eligió la sombra antes que los flashes.

 
Javier Milei

Carlos Alberto Solari nació el 17 de enero de 1949 y pasó toda su vida construyendo dos cosas en paralelo. Un legado musical que se convirtió en religión popular y un escudo de privacidad tan sólido como su obra. El Indio Solari que millones conocieron arriba del escenario era apenas una parte de un hombre que reservó sus afectos más profundos para un círculo pequeño y blindado del mundo mediático.

Así fue la vida del Indio Solari

El centro de ese mundo fue siempre Virginia «Viru» Mones Ruiz. Se conocieron en el verano de 1981, cuando los años más intensos de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota recién comenzaban. Siete años después se casaron, y recién en 2000 nació Bruno, el primer y único hijo de la pareja. Uno de los momentos más recordados de esa historia de amor ocurrió en público pero fue completamente íntimo. En el recital de Los Fundamentalistas el Indio le dedicó a Viru «Y mientras tanto el sol se muere» frente a una multitud que era testigo de algo muy personal. Cuando el Parkinson comenzó a limitar sus actividades, fue ella quien se convirtió en su principal apoyo.

En el plano artístico, los vínculos más decisivos del Indio se tejieron dentro de la banda. El triángulo formado por él, el guitarrista Skay y Carmen «La Negra Poli» fue el motor invisible de una de las agrupaciones más importantes del rock nacional. La sociedad con Skay fue especialmente determinante para el sonido y el legado ricotero. El Indio habló de traición; Skay eligió el silencio. Y el vínculo que creció sin pausa fue el que construyó con su público, una convocatoria que ya excedía cualquier estadio. El vínculo con el público tuvo su punto más oscuro cuando murieron dos personas y el movimiento ricotero quedó bajo una condena social que aún resuena.

Antes de ser músico, Solari fue estudiante de la Facultad de Bellas Artes de La Plata, y esa formación visual impregnó todo su universo artístico. La música fue el territorio donde todo convergió. Desde su admiración temprana por The Beatles, Jimi Hendrix y el primer Spinetta hasta la construcción de un lenguaje propio que combinó el rock con la poesía y la filosofía.

Con el diagnóstico del Parkinson y la decisión de alejarse de la vida pública, el Indio profundizó esas pasiones desde su hogar en Parque Leloir. Música, literatura y arte gráfico como refugio y como legado.