(BUENOS AIRES).- “No tuvimos ni tres días de recuperación”, afirmó Arruabarrena tras la derrota de su equipo, en la que dispuso una rotación obligada por el desgaste físico. El entrenador defendió los cambios en el once inicial y los atribuyó a la exigencia del calendario, que dejó al plantel con menos de 60 horas entre un partido y otro.
Arruabarrena explicó que el encuentro anterior había terminado el día 23 cerca de las 11 de la noche y que esa ventana mínima de descanso fue determinante. “Hay que pensar en lo físico”, sostuvo, y remarcó que cada decisión surgió de una evaluación de las cargas y no de una falta de confianza en los futbolistas.
El técnico detalló que la imposibilidad de contar con una recuperación adecuada lo obligó a modificar nombres en la formación titular. Según explicó, el equipo no tuvo siquiera tres días entre un partido y otro, un lapso que consideró insuficiente para que los jugadores volvieran a estar en condiciones competitivas.
“Fui claro con los jugadores: el que los pone soy yo y que no se saquen”, afirmó el técnico. La frase buscó despejar cualquier lectura interna sobre la titularidad y dejar sentado que la responsabilidad por la formación recae exclusivamente en él, más allá de los resultados inmediatos.
El análisis físico del plantel lo llevó a incluir desde el arranque a jugadores como Delgado y Blanco, nombres que mencionó puntualmente al detallar la rotación. Arruabarrena explicó que ambos futbolistas debían integrar la alineación teniendo en cuenta la evaluación física general, y no solo por una cuestión de rendimiento individual. La intención, remarcó, fue proteger al grupo en una temporada larga y no exponer a quienes acusaban mayor fatiga acumulada.
“Voy a contar con todos”, garantizó el entrenador, en un mensaje de respaldo hacia quienes tuvieron menos minutos en esta oportunidad. Para Arruabarrena, la competencia interna será importante para sostener el rendimiento del equipo a lo largo del calendario y cada futbolista tendrá su oportunidad cuando las condiciones físicas lo permitan.
El técnico también se refirió al mensaje puertas adentro del vestuario. Insistió en que la planificación de una temporada extensa obliga a tomar decisiones que pueden no ser comprendidas de inmediato, pero que apuntan a cuidar la integridad del plantel y a evitar que el desgaste acumulado termine afectando el rendimiento colectivo en los momentos clave.
Más allá del resultado adverso, Arruabarrena pidió que el análisis contemple las circunstancias que rodearon al encuentro. Admitió que perder siempre preocupa, pero insistió en mirar hacia adelante y en que la administración de minutos responde a una lógica de largo plazo que él está dispuesto a sostener aunque genere discusión.
Con un plantel exigido y sin margen para la recuperación ideal, el entrenador apostó a rotar y dejó en claro que las decisiones no se toman solo por lo que pasa dentro de la cancha. La próxima fecha asoma como una prueba inmediata para medir si el descanso le alcanza al equipo para volver a responder en un calendario que no da tregua.
