(BUENOS AIRES).- Boca afrontará una seguidilla de cinco partidos en 14 días una vez que debute en la Copa Sudamericana. El equipo de Rodolfo Arruabarrena arrancará la maratón con el duelo de ida de los playoffs ante O’Higgins en La Bombonera, y las bajas ya le agregan una urgencia extra: Carlos Palacios quedó descartado y Leandro Lozano está en duda para ese primer compromiso internacional.
La seguidilla pondrá a prueba la profundidad del plantel xeneize desde el arranque mismo de la temporada. El primer escollo será O’Higgins, un cruce de ida que marcará el estreno del Vasco Arruabarrena al frente del equipo en una copa y que exigirá una respuesta inmediata, porque la revancha llegará pocos días después y ahí se definirá la clasificación a los octavos de final de la Sudamericana.
Esa serie copera se meterá en el medio del inicio del Torneo Clausura, otra competencia en la que Boca buscará ser protagonista. La superposición de frentes obligará al cuerpo técnico a rotar jugadores casi sin respiro y a cambiar el chip de un certamen a otro con una velocidad poco habitual para un arranque de semestre.
Bajas, vueltas y refuerzos urgidos por el calendario
Palacios no podrá estar ante el conjunto chileno porque la lesión lo dejó afuera desde el comienzo mismo de la preparación, mientras que Lozano llega con lo justo y su presencia es una incógnita. Arruabarrena deberá resolver esas ausencias desde el vamos en una zona donde la exigencia no da tregua y donde cada partido internacional se juega sin red.
La seguidilla también abre la puerta para las vueltas que el entrenador esperaba. Leandro Paredes ya se reintegró al trabajo con el grupo y el regreso de Sebastián Villa asoma como una posibilidad concreta: son dos alternativas de peso para un tramo en el que la rotación va a ser inevitable. Con la maratón encima, recuperar piezas le da aire a un banco que tendrá que responder seguido y en distintas competencias.
Mientras ordena esas fichas, la dirigencia de Boca mantiene activa la búsqueda de un delantero para reforzar el ataque. Los nombres de David Romero y Luciano Gondou están bajo análisis, con la idea de incorporar una variante ofensiva que alivie la carga de los titulares en las semanas más apretadas. La necesidad de sumar se volvió más urgente justamente por la acumulación de partidos que se avecina.
Arruabarrena tendrá que decidir cuándo dosificar a los referentes y cuándo apostar por los juveniles sin que se resienta la intensidad en ninguno de los dos frentes. La planificación de las cargas físicas, con tan poco descanso entre partido y partido, será tan determinante como la estrategia de juego y obligará al cuerpo técnico a medir cada recuperación al detalle.
El calendario no da respiro: tras la ida con O’Higgins en La Bombonera, el Xeneize se meterá de lleno en un ciclo de partidos cada tres o cuatro días. La seguidilla es un desafío mayúsculo para un plantel que todavía busca consolidar su funcionamiento y que necesita avanzar en la Copa Sudamericana sin descuidar el arranque del Clausura.
La Copa Sudamericana aparece como una gran oportunidad para el semestre y el torneo local será otro examen donde el equipo intentará pelear arriba desde la primera fecha. Cinco partidos en dos semanas ponen a Boca frente a un arranque que no admite pausas y que ya mide el desgaste incluso antes del primer pitido.
