(BUENOS AIRES).- Boca visita este jueves a O’Higgins en Rancagua, Chile, con la obligación de defender el ajustado 1-0 conseguido en La Bombonera y, sobre todo, con la necesidad de cortar una racha de decepciones continentales que arrastra desde hace más de dos años. La revancha del playoff de la Copa Sudamericana entrega un boleto a los octavos de final y pone a prueba la credibilidad internacional de un plantel que falló en los momentos calientes.
La última imagen del Xeneize en una final internacional fue la de noviembre de 2023, cuando cayó en el alargue ante Fluminense en el Maracaná. Aquella noche dolió, pero no significó un fracaso: definir la Copa Libertadores es mérito de muy pocos. El verdadero problema empezó después, cuando el equipo entró en una espiral de eliminaciones inesperadas que no se condicen con su historia copera.
El primer golpe llegó en 2024, cuando Boca ni siquiera logró clasificarse a la fase de grupos de la Libertadores y debió disputar la Copa Sudamericana. Terminó segundo en su zona, superó a Independiente del Valle en un playoff y, cuando parecía tomar envión, Cruzeiro lo dejó afuera en los octavos de final. Como si fuera una marca registrada de esos años, la eliminación llegó desde los doce pasos.
Lejos de corregir el rumbo, en 2025 el panorama empeoró. Otra vez sin un lugar directo en la Copa, el equipo afrontó el repechaje con la ilusión intacta, aunque duró poco: Alianza Lima lo eliminó por penales y lo dejó afuera antes de que comenzara el torneo principal. Un impacto deportivo enorme para un club que tiene a la Libertadores como su obsesión permanente.
Este año parecía ser el del despegue con el regreso a la fase de grupos, pero la frustración volvió a aparecer rápido. El empate ante Universidad Católica en una Bombonera colmada lo condenó al tercer puesto de la zona y lo empujó al playoff de la Sudamericana, una instancia que el club no esperaba transitar a esa altura de la temporada.
En el partido de ida de ese playoff, Merentiel anotó el gol del triunfo por 1-0 en La Bombonera, un resultado ajustado que obliga al equipo a mantener la concentración durante los 90 minutos en Chile. El regreso de los titulares y de Leandro Paredes le da a Boca más herramientas para defender la ventaja en Rancagua, aunque la serie expone mucho más que un boleto a los octavos de final.
Superar a O’Higgins no alcanzará para borrar tres temporadas de frustraciones, pero una eliminación en suelo chileno profundizaría una racha que ya pesa demasiado. Boca forjó su grandeza mirando al continente desde lo más alto y el margen de error desapareció.
