(BUENOS AIRES).- “Un arquero al que le tengo fe es Álvaro Montero”, había dicho tiempo atrás Óscar Córdoba. Ahora, esa fe se traduce en realidad: Boca Juniors está muy cerca de sumar al arquero colombiano, recomendado justamente por el ídolo xeneize. El consejo de un multicampeón abrió las puertas de La Bombonera para un guardametas que sueña con defender uno de los arcos más exigentes del continente.
Córdoba, campeón de todo con la camiseta azul y oro, acercó el nombre de Montero a Juan Román Riquelme y al Consejo de Fútbol tiempo atrás. La relación entre ambos arqueros colombianos fue clave para que el guardametas empezara a mirar al club de La Ribera como un destino posible. El propio Montero venía siguiendo de cerca los pasos de Córdoba y entendió rápido lo que significa atajar en ese arco.
El arquero de 29 años viene de mostrar buenos rendimientos en el fútbol argentino, con actuaciones que lo llevaron a ser tenido en cuenta por la Selección de Colombia. Su altura, la seguridad en los centros y su experiencia internacional fueron las cartas que convencieron a la dirigencia para avanzar en la contratación. Las condiciones físicas y el oficio que mostró en cada presentación terminaron de respaldar los informes que ya manejaba el club.
Pero detrás del interés formal también pesó una charla a fondo. Córdoba le transmitió a Montero la exigencia de jugar en La Bombonera, donde cada error se paga con goles y cada atajada entra en la historia grande. El exarquero conoce de sobra lo que significa defender el arco más importante del país y le subrayó la necesidad de tener personalidad para bancarse la presión de un club que no perdona los partidos flojos.
Para Riquelme, la voz de un ídolo como Córdoba fue un factor de peso en la decisión. El presidente mantiene un diálogo estrecho con referentes de la institución y suele escuchar opiniones de quienes ya atravesaron la experiencia de ponerse la camiseta. La recomendación del colombiano terminó de inclinar la balanza por un puesto que en los últimos mercados generó más dudas que certezas.
Boca buscaba estabilidad bajo los tres palos después de varios movimientos sin dueño fijo. La dirigencia entendió que necesitaba un arquero capaz de competir por la titularidad desde el día uno y que pueda transmitir tranquilidad en los partidos de máxima exigencia, tanto en la Copa de la Liga como en los compromisos internacionales. Montero reúne el perfil que el cuerpo técnico viene pidiendo desde hace tiempo: un guardametas con presencia, que se imponga en el juego aéreo y que no se achique en las noches calientes.
El colombiano llega con la vara alta que dejó el propio Córdoba, uno de los grandes arqueros de la historia xeneize, campeón de múltiples títulos y dueño de un lugar asegurado en la galería de ídolos. Ese legado no lo asusta: lo toma como un espejo donde mirarse.
Ahora Montero enfrenta el desafío más grande de su carrera: calzarse los guantes de un arco reservado para guardametas con carácter sobrado. De aquella charla con Córdoba a la chance concreta de atajar en Boca, el sueño del colombiano está a un paso de hacerse realidad.
