(BUENOS AIRES).- Boca ganó 1 a 0 ante O’Higgins en La Bombonera, por la ida de la Copa Sudamericana, pero la victoria dejó una sensación agridulce. El equipo de Rodolfo Arruabarrena consiguió la ventaja mínima en la serie, aunque el rendimiento colectivo no terminó de convencer y la llave quedó abierta de cara a la revancha.
Leandro Paredes volvió a ser el eje del mediocampo xeneize. El volante no solo le dio orden y equilibrio al equipo, sino que fue determinante con el pase que derivó en el único gol del partido. Su manejo de los tiempos permitió que Boca controlara buena parte del desarrollo.
En ofensiva, Sebastián Villa mostró una versión más movediza. Aportó movilidad y verticalidad por la banda, algo que el equipo necesitaba para generar espacios en campo rival. Su participación constante abrió opciones que antes no aparecían con tanta claridad.
El gol lo convirtió Miguel Merentiel, que atraviesa un proceso de adaptación a una nueva función dentro del once titular. El hecho de que haya marcado no es un detalle menor: el delantero reforzó su confianza y le da al entrenador una variante ofensiva adicional para lo que viene.
El equipo mostró una postura adelantada y vocación de ataque. Con una propuesta ofensiva desde el arranque, Boca dejó en claro la intención de imponerse a partir del juego, una señal que refleja la idea del cuerpo técnico en este nuevo ciclo.
Sin embargo, el 1 a 0 obliga a no relajarse. El margen es escaso y O’Higgins, aún con la derrota, demostró que puede ser un rival peligroso si encuentra espacios o logra imponer su ritmo en condición de local. Cualquier desconcentración en la vuelta puede cambiar el rumbo de la serie.
El propio Arruabarrena lo sabe y ya piensa en los ajustes necesarios. La solidez en el medio que aportó Paredes fue uno de los aspectos más consistentes de la noche, y sostener ese control en Chile será central para no pasar sobresaltos. Villa, por su parte, encontró sociedades que antes no fluían con tanta naturalidad y eso le dio al equipo una dinámica distinta en los últimos metros.
Merentiel, más allá del gol, cumplió con creces en una función que todavía está terminando de asimilar. El uruguayo viene de ser el referente de área clásico y ahora se mueve con mayores responsabilidades de armado, algo que el cuerpo técnico le pide para complementar el ataque con otras piezas. Contra O’Higgins dio muestras de que puede rendir en ese rol y el tanto llegó como premio a su insistencia.
Del otro lado, la visita dejó algunas señales de alarma. O’Higgins se plantó con orden en La Bombonera y, aunque no generó demasiado peligro, tuvo momentos en los que incomodó la salida de Boca. En Chile, con su gente y en una cancha de dimensiones más ajustadas, el trámite puede complicarse si el Xeneize no mantiene la concentración desde el arranque.
Boca deberá ajustar detalles y sostener lo positivo que exhibió en casa: orden en el medio, mejora en ataque y eficacia para sellar la clasificación sin sobresaltos. La serie sigue abierta y la ventaja, aunque valiosa, obliga a repetir una actuación convincente en los 90 minutos que restan para meterse en la próxima fase.
