(BUENOS AIRES).- "Sos orgullo xeneize", le dedicó Boca Juniors a Leandro Paredes tras la derrota de la Selección Argentina en la final del Mundial 2026 ante España. El mensaje llegó en medio del profundo dolor del mediocampista, uno de los futbolistas más golpeados por la caída en el partido decisivo.
Paredes fue captado llorando sobre el campo de juego apenas terminó el encuentro. Su reacción reflejó la intensidad con la que vivió una final cargada de tensión, donde la Argentina estuvo muy cerca de alzar un nuevo título. En ese contexto de frustración, el respaldo del club de la Ribera se hizo visible de inmediato.
El mensaje de Boca puso el foco en la entrega y la pertenencia del jugador, sin condicionar el orgullo al resultado deportivo. La comunicación fue interpretada como un abrazo simbólico en una noche particularmente adversa, una señal de reconocimiento que trascendió el mero saludo protocolario.
Desde el entorno del fútbol argentino el gesto se leyó como un reconocimiento a su recorrido, a su compromiso con la camiseta nacional y al rol que ocupó en el equipo durante los últimos años. Leandro Paredes fue protagonista a lo largo de todo el Mundial 2026, tanto por su rendimiento como por su carácter dentro de la cancha.
Identidad y pertenencia
Leandro Paredes surgió de las divisiones juveniles de Boca y siempre mantuvo un vínculo estrecho con la institución. Incluso durante la Copa del Mundo siguió los resultados del plantel xeneize y conservó el contacto directo con el grupo, una cercanía que refuerza su perfil de referente formado en La Boca.
Esa intensidad que lo llevó al límite en la final es parte de su identidad futbolística. El mensaje del club encontró a un jugador golpeado, pero también a un símbolo del ADN xeneize dentro de la Selección. En el Mundial 2026 Leandro Paredes se consolidó como una pieza importante del equipo nacional, un rol que la institución reconoció enseguida tras el golpe.
El mediocampista fue titular en los siete partidos de la Albiceleste en la cita mundialista y completó más de 600 minutos en cancha. Su despliegue en la zona media, con un 89% de efectividad en pases y un promedio de 11 recuperaciones por encuentro, lo ubicó entre los volantes centrales más regulares del torneo. Esa fue la vara que midió Boca a la hora de enviar su respaldo.
En la final ante España, Leandro Paredes jugó los 120 minutos y fue uno de los encargados de ejecutar un penal en la tanda definitiva. La derrota por 4-2 desde los doce pasos desató la emoción incontenible del jugador, que quedó tendido en el césped mientras sus compañeros intentaban consolarlo. Las imágenes recorrieron el mundo y motivaron muestras de afecto desde distintos ámbitos.
Mientras el futuro de varios protagonistas de la Albiceleste queda abierto después de la definición en Norteamérica, Paredes encuentra en Boca un respaldo firme. Un recordatorio de sus raíces en medio del dolor y una señal de que, incluso en la derrota, hay pertenencia, reconocimiento y orgullo.
