(BUENOS AIRES).- “Los penales salvaron a Riquelme de un nuevo papelón histórico”, lanzó el periodista Toti Pasman tras la clasificación de Boca Juniors a los octavos de final de la Copa Sudamericana 2026, que consiguió recién en la tanda de penales frente a O’Higgins.
En su editorial, Pasman remarcó que el equipo “pudo quedar eliminado” y atribuyó el pasaje de ronda exclusivamente a la eficacia en los penales. Describió el rendimiento del conjunto como “tibio” y “timorato”, lejos de la identidad histórica del club. La contundencia del mensaje generó una repercusión inmediata en redes sociales y reavivó el debate sobre el presente futbolístico e institucional del club de la Ribera.
La clasificación, lejos de traer alivio, desató más críticas que elogios. La irregularidad del equipo viene siendo señalada desde hace tiempo y el partido ante O’Higgins dejó expuestas nuevamente las dificultades para imponer jerarquía en instancias decisivas. Boca ha tenido problemas para sostener un nivel alto de manera constante y, en varios momentos recientes, quedó expuesto en partidos clave, lo que alimenta un clima de desconfianza en parte del entorno.
Pasman apuntó directamente contra la gestión de Juan Román Riquelme como presidente. Sostuvo que, de haberse consumado la eliminación en esa instancia, se habría tratado de “otro hito negro” dentro de un ciclo que ya acumula cuestionamientos. El análisis del periodista fue más allá del resultado: para él, el pasaje de ronda se explicó exclusivamente por la eficacia en la tanda, y no por un funcionamiento colectivo que respaldara la clasificación.
Las declaraciones reavivaron el debate sobre el contraste entre el ídolo como futbolista y su rol actual como dirigente. Mientras Riquelme mantiene un lugar central en la vida política del club, los resultados deportivos condicionan cada vez más la percepción sobre su conducción. La clasificación está consumada, pero el análisis sobre la gestión no cede.
Dentro del plantel hay señales mixtas. Algunos rendimientos individuales invitan al optimismo, pero el funcionamiento colectivo todavía no termina de consolidarse. Esa inconsistencia explica por qué una clasificación terminó bajo la lupa y generó más cuestionamientos que certezas de cara a lo que viene. Pasman fue especialmente crítico al señalar que el equipo no mostró carácter ni jerarquía durante el desarrollo del partido, lo que profundiza las dudas sobre su capacidad para competir en rondas más exigentes.
Boca enfrentará a Deportivo Recoleta en los octavos de final. En los papeles, aparece como una oportunidad favorable, pero el nivel mostrado obliga a la cautela y mantiene abierta la exigencia de una mejora inmediata. La frase de Pasman, lejos de ser un comentario aislado, refleja un clima más amplio: la presión permanente que rodea a la institución y la necesidad de resultados que sostengan el proyecto dirigencial.
