(BUENOS AIRES).- En la repostería italiana hay una preparación que se repite de norte a sur: el de la crostata de fruta fresca, un postre que descansa sobre una base de pasta frola crocante y esconde el abrazo suave de la crema pastelera. En cada pastelería de ese país podés encontrarla como la vedette indiscutida de las vitrinas, pero la buena noticia es que no necesitás cruzar el océano para probarla: es una receta tan noble que muchos ya se animan a meterle mano en casa.
Lo interesante de esta tarta no es solo lo rica sino el impacto visual que logra con muy pocos trucos. Sobre la masa crocante se despliega un colchón de crema pastelera bien aromatizada con piel de limón, y por encima se la viste con un show de frutas frescas. Justamente esa simpleza es la que la convierte en la candidata ideal para cerrar cualquier comida con frescura, sin necesidad de encender el horno una vez que la base ya está cocida.
Para la crostata se usa una masa frolla, que podés pensarla parecida a nuestra clásica pasta frola, con esa textura arenosa que se desarma justo en el paladar. Lo importante acá es que esté bien fría antes de estirarla y cocinarla a ciegas, así garantizás que quede firme pero crocante. Arriba va una capa generosa de crema pastelera a la que se le suma la ralladura de piel de limón, un detalle que le aporta perfume sin empalagar.
La elección de la fruta es casi un juego de artista. La idea es lograr un efecto cromático bien sugestivo que hipnotice la mirada antes de que llegue la primera cucharada. En la receta italiana aparecen desde el dulzor intenso del melón y el melocotón hasta el toque ácido y oscuro de las moras, los arándanos y las frambuesas, sin olvidar cortes de kiwis verdes, uvas y frutillas rojas bien brillantes.
INGREDIENTES
Masa frolla (el equivalente a nuestra pasta frola de manteca)
Crema pastelera aromatizada con piel de limón
Fruta fresca de estación (melón, melocotón, uvas, moras, arándanos, frambuesas, frutillas y kiwis)
El armado de la receta es directo y no deja lugar a complicaciones. Una vez que la base de masa crocante ya está fría, se rellena con la crema pastelera ya cocida y bien lisa. Arriba, la fruta se corta en láminas finas o mitades y se distribuye haciendo un degradé de colores o una composición circular que cubra por completo la superficie blanca de la crema.
La clave para que se luzca es no mezquinar con la variedad: mientras más frutas distintas juntes, más llamativo queda el plato. No hace falta cocinar la fruta, va cruda y bien fresca, así que es un postre que se arma en el momento, ideal para cuando querés preparar algo con antelación y armarlo en cinco minutos justo antes de servir. Animate a probarla y llenar la mesa de color, es de esas recetas que entran por la vista y no dejan ni una miga.
