(BUENOS AIRES).- “Me duele todos los días”. La frase, corta y filosa, la soltó Emiliano Martínez a horas de jugar una nueva final del Mundial 2026 y expuso el calvario silencioso que arrastra el arquero de la Selección Argentina. Su confesión confirmó que jugó gran parte de la Copa del Mundo con una fractura en un dedo de la mano derecha y que, aún hoy, el dolor no lo abandona.
La lesión apareció antes de que la pelota empezara a rodar en el torneo. Martínez sufrió una fractura en un dedo que, de entrada, puso en duda su presencia. El cuerpo médico le recomendó el quirófano, pero el arquero entendió que operarse significaba bajarse del Mundial 2026 y decidió postergar cualquier intervención para defender el arco argentino.
Él mismo admitió que llegó a pensar en escenarios donde quedaba afuera de la competencia. La incertidumbre lo acompañó durante las semanas previas al debut, pero la decisión fue definitiva: seguir adelante y convivir con una molestia que se renovaba cada vez que se calzaba los guantes.
El sacrificio silencioso hacia la final
Lejos de que el dolor lo frenara, Martínez volvió a erigirse como una de las figuras del equipo. Durante el certamen su rendimiento fue determinante en momentos clave, con atajadas que mantuvieron a Argentina en carrera y reforzaron su reputación de arquero decisivo. Todo mientras cargaba con una mano que le recordaba a cada rato el precio de estar presente en el Mundial 2026.
El sacrificio físico vino acompañado de un costado emocional intenso. El propio Martínez reconoció que a veces se emociona al repasar el camino recorrido con la Selección y lo conseguido hasta acá. Sin embargo, puso el foco de lleno en lo que viene: la posibilidad concreta de sumar otro título con la camiseta argentina desplaza cualquier pensamiento sobre el retiro o el futuro.
El próximo desafío tiene nombre y apellido: España, el rival al que Argentina enfrentará en la final. El historial de Martínez en definiciones alimenta la ilusión, pero su confesión dejó en claro que el presente viene con un costo físico alto. La fractura no se fue y cada pelota que ataje tendrá como telón de fondo ese dolor que, según sus propias palabras, no le da tregua.
Con el partido decisivo en el horizonte inmediato, la imagen de Martínez se agranda no solo por lo que hace bajo los tres palos, sino por la entereza con la que compite al límite de su cuerpo. La final del Mundial 2026 está a la vuelta de la esquina y el arquero llega con una certeza que es también una señal de alerta: el dolor sigue ahí, todos los días, y no piensa bajarlo de la red.
