(BUENOS AIRES).- «Egipto no le teme a Leo: cree en Salah, en Dios y en sus 26». La frase la soltó el entrenador de la selección africana —hermano de Hossam Hassan— durante una entrevista televisiva en su país y le puso pimienta a la previa del duelo de octavos de final del Mundial 2026 que la Selección Argentina jugará este martes en Atlanta.
El partido asoma como uno de los cruces más parejos de esta fase del Mundial 2026. Argentina llega después de una clasificación agónica frente a Cabo Verde, donde necesitó tiempo suplementario, un desgaste físico y anímico que encendió luces de alerta en el cuerpo técnico que encabeza Lionel Scaloni. Egipto, en cambio, eliminó a Australia en una definición por penales igual de cerrada y mostró un temple que su entrenador ahora refuerza con un discurso cargado de confianza.
Desde El Cairo, el técnico egipcio explicó que su equipo no le teme a Lionel Messi y subrayó que la fe del plantel está puesta en Mohamed Salah, en Dios y en la fortaleza colectiva de los 26 convocados. La declaración buscó instalar que el poder de fuego del adversario no los condiciona, una postura que contrasta con el hermetismo que suele rodear este tipo de definiciones mundialistas.
Salah es, sin discusión, el argumento más peligroso de un equipo que construye su juego desde el orden defensivo y el contragolpe. Junto a él, Omar Marmoush aporta velocidad y desequilibrio en los últimos metros, y la estructura egipcia demostró ante Australia que no necesita dominar la posesión para hacer daño. Su capacidad para cortar circuitos de juego aparece como un factor de riesgo para una Selección que todavía busca aceitar su funcionamiento en este Mundial 2026.
Del lado argentino, las dudas no son menores. Scaloni evalúa ajustes en todas las líneas y mantiene abierta la pelea por un lugar en la mitad de la cancha entre Enzo Fernández, Alexis Mac Allister y Leandro Paredes. La incógnita más grande pasa por quién acompañará a Messi en ataque: Julián Álvarez y Lautaro Martínez compiten por un puesto que ninguno terminó de asegurar en los últimos partidos, y la intención del entrenador es ganar en equilibrio sin resignar peso ofensivo.
El escenario físico también empareja el trámite. Tanto argentinos como egipcios arrastran la carga de un alargue reciente, lo que puede licuar diferencias de jerarquía y transformar cada pelota dividida en una situación determinante. El mediocampo será el sector donde se dirima buena parte de la pulseada: Argentina intentará imponer ritmo y tenencia, mientras Egipto apostará a incomodar con presión y salidas rápidas.
El partido se disputa el 1° de julio de 2026 y para la Selección Argentina implica un examen real de su candidatura. Después del sufrimiento ante Cabo Verde, el equipo de Scaloni necesita una versión más convincente: si vuelve a exhibir desconexiones, el mensaje desafiante que llegó desde Egipto puede dejar de ser solo una declaración de intenciones.
