(BUENOS AIRES).- “esto ya lo vimos”, expresaron los hinchas de Boca en redes sociales cuando Cabo Verde, una selección debutante en el Mundial 2026, forzó el tiempo suplementario ante la Argentina y reavivó un reclamo que los fanáticos xeneizes arrastran desde hace varias temporadas.
El detonante de la comparación fue el empate que el equipo africano le arrancó a España en la fase de grupos. En ese momento los hinchas recordaron de inmediato la igualdad de Boca frente a Auckland City, un rival de mucha menor jerarquía que también complicó al conjunto argentino más de lo esperado. La escena resultó demasiado familiar y puso sobre la mesa una crítica recurrente: la dificultad para cerrar partidos contra adversarios inferiores en el papel.
La ola de memes y comentarios se intensificó tras el cruce entre Argentina y Cabo Verde, que terminó 3 a 2 en el alargue con goles de Lionel Messi, Lisandro Martínez y Cristian “Cuti” Romero. El conjunto africano estuvo a un paso de otra sorpresa mayúscula, lo que llevó a los hinchas de Boca a multiplicar las publicaciones irónicas y a trazar un paralelismo directo con los tropiezos internacionales de su club.
La comparación no se centró en el contexto —un Mundial frente a competencias de clubes— sino en la sensación de ver cómo un equipo teóricamente limitado se agranda y desnuda falencias estructurales. En Boca, esa falta de contundencia y la tendencia a sufrir más de la cuenta ante rivales de menor renombre generaron críticas sostenidas a lo largo de varios ciclos futbolísticos. El gol agónico del defensor Cristian “Cuti” Romero en el segundo tiempo extra reflejó la paridad inesperada que Cabo Verde impuso durante todo el encuentro, un guion que los hinchas xeneizes identificaron de inmediato con los padecimientos de su propio equipo en competencias locales e internacionales.
Las publicaciones mezclaron humor y análisis filoso. La frase “esto ya lo vimos” condensó un lamento que la hinchada de Boca expresa cada vez que un adversario sin cartel lo pone contra las cuerdas. Cabo Verde, sin peso histórico y con jugadores de menor exposición, ofició de espejo impensado para una tribuna que reconoció en esa historia un guion repetido.
El seleccionado africano se transformó en una de las revelaciones del torneo al competir de igual a igual con dos potencias y al obligar a la Argentina a definir en tiempo suplementario. Ese rendimiento inesperado le dio a la comparación un alcance masivo y la instaló como un debate más profundo acerca de la lógica del juego y la mentalidad competitiva.
El episodio dejó en evidencia que la preocupación de los hinchas de Boca excede los resultados puntuales y apunta a una dinámica recurrente. Mientras el equipo no resuelva ese problema de contundencia ante rivales menores, cualquier semejanza con otro equipo que sorprenda al mundo los volverá a encontrar señalando la misma herida.
