(BUENOS AIRES).- La camiseta número 7 de Boca quedó en el ojo de la tormenta: el dorsal que usó Exequiel Zeballos en los últimos años ya no le pertenece y su reasignación se transformó en una de las decisiones más comentadas del segundo semestre. Mientras el club redefine la identidad del plantel bajo las órdenes de Rodolfo Arruabarrena, la pregunta sobre quién heredará ese número no tiene todavía una respuesta oficial, pero ya agita la previa del reinicio de la temporada.
El “Changuito”, que utilizó ese número en los últimos años y lo convirtió en parte de su identidad dentro del equipo, ya no lo tendrá en este nuevo ciclo. Se trata de un dorsal tradicionalmente reservado para extremos y atacantes desequilibrantes, un perfil que encajaba a la perfección con el suyo. La salida del juvenil de ese número cierra una etapa y deja abierta una vacante que, más allá del valor numérico, arrastra un fuerte peso simbólico en la historia xeneize.
Con la 7 libre, la decisión quedó en manos del cuerpo técnico y el Consejo de Fútbol. Todo indica que la camiseta podría quedar en manos de un futbolista ofensivo, manteniendo la tradición, aunque todavía no hay confirmación oficial. La expectativa crece porque el elegido puede marcar un gesto de respaldo concreto de Arruabarrena hacia un jugador en particular.
La reorganización de dorsales no es un hecho aislado. En paralelo, el regreso de Sebastián Villa al plantel ya viene acompañado de la elección de un nuevo número, una señal de que la dirigencia busca redefinir jerarquías y roles de cara al nuevo ciclo. Esa puesta a punto incluye movimientos capaces de alterar la convivencia en el vestuario y de empezar a construir nuevas referencias.
Para Arruabarrena, la asignación del 7 puede transformarse en una herramienta de construcción de liderazgo. En otros momentos de la historia de Boca, esos números terminaron identificando eras y consolidando figuras. Por eso, mientras no haya confirmación oficial, los hinchas ya empezaron a especular con posibles candidatos y algunos anticipan más de un cortocircuito si la herencia no cae en el destinatario que imagina la mayoría.
La escena se completa con el horizonte inmediato: el debut ante Sarmiento por la Copa Argentina, donde Boca ya tiene un equipo probable definido. La atención también se posa en los detalles que hacen a la mística: quién se calzará la 7 en esa primera presentación puede ser un termómetro del rumbo que pretende el cuerpo técnico.
Más allá de los nombres, la vacante de la 7 dejó de ser un trámite administrativo. Es un símbolo que en Boca nunca pasa desapercibido y que el club, mientras avanza con los últimos retoques del mercado, sabe que la tribuna va a leer en clave de proyecto.
