VIDA Y ESTILO

Londres, Hualfín y Bodega Federico Mena Saravia: cinco días para descubrir uno de los rincones más auténticos de Catamarca

 

Londres, el Alto Valle de Hualfín y la Bodega Federico Mena Saravia aparecen como el corazón de una región que conserva una identidad profundamente ligada al territorio.

 
Bodega Mena Saravia

Cada vez más viajeros visitan el oeste catamarqueño guiados por la calma de sus paisajes, la historia de sus pueblos y el creciente interés que despiertan los vinos de altura en Catamarca. Aquí todavía predominan los caminos rurales, los pequeños poblados, las antiguas acequias y una vida que transcurre pausadamente entre los vientos del valle. Y por su excelencia, se distingue la Bodega Federico Mena Saravia.

Entre Belén y Hualfín, la Ruta 40 atraviesa una sucesión de escenarios que resumen buena parte de la historia de Catamarca. Montañas áridas, álamos centenarios, antiguas propiedades rurales y pueblos nacidos al abrigo del agua conforman un paisaje que durante siglos definió uno de los principales corredores naturales del oeste provincial. En esta región, donde la presencia española dejó algunas de sus huellas más tempranas y donde florecieron antiguas culturas andinas, el pasado continúa formando parte de la vida cotidiana.

Aunque Londres suele captar buena parte de la atención gracias a El Shincal de Quimivil y a su importancia histórica, muchos viajeros descubren que el verdadero corazón del recorrido se encuentra algunos kilómetros más al norte. Allí, en el Alto Valle de Hualfín, la historia, la producción agrícola, el vino y el entorno conservan una relación que todavía resulta visible.

Quienes buscan qué hacer en Catamarca durante varios días encuentran en esta región una combinación poco habitual. En distancias relativamente cortas es posible combinar sitios arqueológicos, pueblos históricos, viñedos centenarios, iglesias antiguas, establecimientos rurales y algunos de los paisajes más característicos del noroeste argentino.

Día 1: Londres y El Shincal de Quimivil

Londres constituye una de las visitas obligadas del oeste catamarqueño. Sus calles tranquilas, sus plazas y su ritmo pausado reflejan el carácter de los antiguos pueblos de la región. A pocos kilómetros se encuentra El Shincal de Quimivil, considerado uno de los sitios arqueológicos más importantes de la Argentina y uno de los principales centros administrativos del Imperio incaico en el actual territorio nacional.

Fue uno de los últimos grandes centros de poder incaico en esta parte del actual territorio argentino. Un museo permite conocer aspectos de la cultura inca, sus costumbres y la manera en que administraban los territorios incorporados al Tawantinsuyu. También es posible realizar visitas guiadas por el complejo arqueológico y recorrer de cerca las plazas ceremoniales, construcciones de piedra y cerros que formaban parte de este importante asentamiento andino.

Frente al Museo Folklórico, una visita muy recomendable para quienes recorren la localidad, se encuentra la antigua casa del doctor Jorge Fuensalida, vinculada al pasado colonial de la región. Figura muy querida dentro de la comunidad local, recibe habitualmente a los visitantes y comparte relatos sobre Londres, las costumbres del valle y la vida cotidiana de otras épocas. El lugar también es conocido por sus dulces artesanales y sus nueces, productos tradicionales que forman parte de la identidad productiva de esta zona del oeste catamarqueño.

Día 2: Belén y la tradición artesanal catamarqueña

Belén continúa siendo la principal puerta de entrada al oeste provincial. Conocida como la «Cuna del Poncho«, mantiene una fuerte identidad cultural ligada a la elaboración de tejidos, artesanías y productos tradicionales que forman parte del patrimonio catamarqueño.

La ciudad también ofrece algunas de las mejores expresiones de la gastronomía regional. Humitas, empanadas, locro y otras preparaciones típicas forman parte de una cocina profundamente vinculada al territorio y a los productos del valle. Uno de los mejores lugares para acercarse a la gastronomía belicha es el restaurante Olivares, ubicado en el Hotel Belén. Allí, la cocina catamarqueña encuentra una interpretación cuidada y contemporánea, en un ambiente cálido y con esmerada atención. Entre sus especialidades aparecen platos elaborados con ingredientes regionales que permiten al visitante descubrir sabores tradicionales como el jigote y el mote, dos clásicos de la cocina local.

Día 3: Puerta de San José y los paisajes del valle

Estamos en el tercer día del recorrido y llega el momento de visitar Puerta de San José para descubrir otro aspecto característico del oeste catamarqueño. Rodeada por montañas y atravesada por antiguas rutas de comunicación, la localidad conserva el ambiente propio de los pequeños pueblos andinos.

El recorrido permite apreciar extensiones agrícolas, antiguos caseríos y algunos de los paisajes más serenos y acogedores de la región. La combinación de montaña, silencio y amplitud convierte a esta zona en un lugar ideal para contemplar la inmensidad del valle y comprender la estrecha relación que existe entre el hombre y el territorio en esta parte de Catamarca.

Bodega Mena Saravia

Día 4: Hualfín, un oasis entre montañas

Dedicar una jornada completa a Hualfín es la mejor manera de comprender el alma del oeste catamarqueño.

A simple vista, el valle aparece como una extensa franja verde rodeada por montañas áridas. Sin embargo, detrás de ese paisaje existe una historia mucho más profunda. Desde tiempos remotos, Hualfín funcionó como un oasis natural dentro de una de las regiones más secas del noroeste argentino. El agua proveniente de las montañas permitió el desarrollo de la agricultura, la ganadería y posteriormente de los viñedos que hoy forman parte de la identidad local.

Para quienes buscan qué hacer en Hualfín, el valle ofrece mucho más que paisajes. Historia, patrimonio, tradición agrícola y algunos de los viñedos más antiguos de la región forman parte de una experiencia profundamente ligada a la identidad del lugar.

La historia moderna de Hualfín se encuentra estrechamente vinculada a una antigua finca cuyos orígenes documentados se remontan a 1668 y que actualmente permanece en manos de la decimotercera generación de propietarios de la familia Mena Saravia. Rodeado de viñedos, álamos y antiguos muros de piedra, el valle conserva una atmósfera difícil de encontrar en otros rincones del país.

Recorrer el Alto Valle de Hualfín implica atravesar caminos bordeados por árboles centenarios, observar antiguas acequias todavía en funcionamiento y descubrir una relación entre el hombre y el entorno que permanece viva desde hace generaciones. La región mantiene además una fuerte conexión con su pasado histórico, visible en sus antiguas fincas, sus construcciones tradicionales y su forma de vida ligada al valle.

A medida que cae la tarde, las montañas adquieren tonalidades rojizas y el valle ofrece algunos de los atardeceres más emotivos de Catamarca. Es precisamente en esos momentos cuando muchos viajeros descubren que Hualfín deja de ser una simple escala para convertirse en uno de los grandes destinos del viaje.

Día 5: Bodega Federico Mena Saravia y los vinos del Alto Valle de Hualfín

La visita a Bodega Federico Mena Saravia permite completar la experiencia iniciada en el valle. Ubicada en el Alto Valle de Hualfín, la finca forma parte de una larga tradición familiar vinculada a la historia de la región y al desarrollo de la vitivinicultura catamarqueña.

Rodeada por viñedos históricos, montañas y antiguos sectores productivos, Bodega Federico Mena Saravia ofrece una propuesta que combina vino, gastronomía y paisaje. El visitante puede recorrer los viñedos, conocer las particularidades de la producción local y degustar vinos elaborados en uno de los terroirs más singulares del norte argentino.

Sin embargo, buena parte del atractivo radica en aspectos difíciles de medir. La historia del lugar, la hospitalidad de sus anfitriones y la posibilidad de conocer de cerca una finca profundamente ligada al desarrollo del valle aportan una dimensión diferente a la experiencia.

En un marco donde conviven acequias tradicionales, corrales, árboles centenarios y amplias vistas sobre el valle, es posible comprender la historia de generaciones de una misma familia que, a lo largo de los siglos, habitaron estas tierras y contribuyeron al desarrollo de la región.

Esa relación entre paisaje, historia y producción explica por qué el Alto Valle de Hualfín se convirtió en una de las regiones emergentes más interesantes para el turismo enológico en Catamarca. Aquí todavía es posible vivir una experiencia íntima, profundamente vinculada al territorio y a la identidad local.

En una época donde muchos destinos turísticos parecen cada vez más parecidos entre sí, Hualfín conserva algo que resulta cada vez más difícil de encontrar: una identidad profundamente ligada a su historia, a su paisaje y a su gente. Por eso, para quienes recorren Londres, Belén y el oeste catamarqueño, la visita a Bodega Federico Mena Saravia termina convirtiéndose en mucho más que una degustación de vinos prémium. Es una forma de descubrir el Alto Valle de Hualfín, uno de los rincones más auténticos del Valle Calchaquí y uno de los grandes secretos turísticos del oeste catamarqueño.

Bodega Mena Saravia
Atardecer en el mirador de la Bodega Mena Saravia