(BUENOS AIRES).- “Terminé de trabajar y le di todo mi caché al seguridad que me cuidó”. Con esa frase, Matías Alé revivió en el programa Storytime (Bondi Live), junto a Nazarena Vélez, uno de los momentos más crudos de su brote psicótico: regalarle todo su sueldo a un guardia de seguridad porque, según confesó, “yo creía que era mi ángel de la guarda”.
El actor contó que también le pidió al seguridad que le dejara apenas lo necesario para cubrir los peajes y la nafta, porque tenía planeado viajar a Carlos Paz a ver a su entonces pareja junto a un amigo. En pleno cuadro de delirio místico, cada decisión cotidiana estaba atravesada por una espiritualidad sin control.
La historia dio un giro inesperado cuando la familia del trabajador lo contactó por redes sociales. “Hace poquito me escribió la familia por Instagram, la hija me dijo que su papá había fallecido”, relató Matías Alé. La mujer le envió un mensaje en el que le dijo que si su papá hubiera sabido que él estaba en brote, le habría devuelto el dinero, y agregó: “Pero con ese dinero nosotros nos pudimos ir por primera vez de vacaciones con mi familia y con mi papá por última vez”.
En la misma charla, Alé reconstruyó el desconcierto que generaba en su entorno laboral. “Yo en vez de hablar de las planchitas y los secadores de pelo, hablaba de Jesucristo”, recordó entre la autocrítica y el humor que le permiten hoy tomar distancia de aquella etapa.
Durante ese mismo evento, el actor tuvo un encuentro con Santiago Caamaño, actual pareja de Nazarena Vélez. En pleno brote, lo abrazó y le anunció que dejaría todo para dedicarse a predicar la palabra de Dios, y hasta le dijo que él sería su “sucesor”. Hoy reconoce lo desmedido de aquella afirmación y agradece la contención que recibió.
“Lo miré a los ojos y le dije: ‘Vos fuiste mi ángel de la guarda en esos dos días, que me estaba cuidando del mal, que yo creía que el mal me perseguía’”, confesó Matías Alé ante la cámara, ya con la claridad que le faltaba en aquel momento.
El relato de Alé suma otra anécdota vinculada al día a día laboral durante esos meses. El actor pidió disculpas a un productor que lo padecía y contó, entre risas: “El tipo me ha querido matar, pobre, así que le mando un beso y le pido disculpas”.
Lejos del dolor de entonces, Matías Alé cierra el capítulo con la certeza de que hasta los actos más impulsivos pueden convertirse en recuerdos valiosos para otros. La familia del seguridad, según el propio actor, pudo concretar su primer y último viaje juntos gracias a ese gesto que nació de la confusión.
