(BUENOS AIRES).- “Pude recorrer las instalaciones y además hacer una torta Sacher. Y el Famoso Strudel de Manzanas”, contó Osvaldo Gross en sus redes sociales, después de meterse en la cocina de Demel, la mítica confitería vienesa. El maestro pastelero no solo se llevó una experiencia a puro oficio, sino que compartió los secretos del strudel que preparó ahí mismo, un clásico que acá todavía tiene mucho por enseñar.
La visita de Osvaldo Gross a Demel fue un viaje a las fuentes. “En estas casas los productos se elaboran como hace décadas atrás y con mucho trabajo manual”, explicó Gross, remarcando que la técnica de fabricación del strudel tiene más de 100 años. No hubo pedido de recetas de libro, porque —según aclaró— “se pueden encontrar en libros”, pero sí un registro minucioso de cómo se sigue honrando la tradición a fuerza de manteca y paciencia.
En el video que subió a Instagram, Osvaldo Gross se concentró en el relleno, el corazón de la preparación. “En esta primera parte verán el relleno”, avisó, y fue directo a los ingredientes, sin vueltas.
El relleno que mostró Osvaldo Gross
“Manzanas en rodajas finas. Jugo de limón. Azúcar con canela. Nueces molidas. Pasas de uva remojadas con agua, sin licores. Y las migas que aquí son como si hiciésemos un polvo con una masa sable bien cocida al horno. Por eso el color bronce. Ahí hay manteca en esas migas”, detalló el pastelero. Cada componente tiene su porqué: la manzana bien finita para que se cocine parejo, el limón que corta el dulzor y la canela que le da ese perfume de hogar, las nueces y las pasas que suman textura sin alcohol de por medio.
El detalle que marca la diferencia está en las migas de masa sable. No es pan rallado ni galleta molida: es una masa que ya pasó por el horno hasta quedar bien cocida y dorada, y que después se desmenuza hasta convertirse en un polvo crocante de tono bronce. Antes de espolvorearla sobre las manzanas, se mezcla con manteca, así el strudel gana una capa superior que queda crocante y mantecosa a la vez.
El armado completo, con la masa estirada y el enrollado prolijo, quedó para la segunda parte. “Mañana subiré el resto del armado!!!”, prometió Gross, así que el paso a paso final llegó al día siguiente en su perfil. La expectativa era grande, porque en el strudel la masa finita y el cierre justo son tan importantes como el relleno.
Lejos de guardarse el secreto, Gross celebró que el conocimiento esté disponible para cualquiera: “Lo importante es ver con qué amor siguen honrando la técnica de fabricación que tiene más de 100 años”. Un guiño a los que cocinan en casa, recordando que más que la fórmula exacta, lo que hace al strudel inolvidable es el respeto por la tradición y las ganas de ensuciarse las manos con harina.
Si te tentaste con la idea de un strudel casero, ya tenés por dónde arrancar: manzanas bien finitas, un toque de limón y canela, y esas migas de masa sable con manteca que lo cambian todo. Cuando la historia y el oficio se suben a las redes, solo queda prender el horno.
