(BUENOS AIRES).- “Nunca sabrán igual que las patatas fritas, pero son una buena manera de ofrecer un aperitivo mucho menos engorroso y más saludable”. Las recetas de chips de papa y batata al horno o al microondas son la salvación para una picada sin culpa: crocantes, livianas y listas en pocos pasos, incluso sin una gota de aceite.
La clave para que salgan bien aparece antes de prender cualquier electrodoméstico. Hay que cortar la papa y la batata en rodajas bien parejas, de 2,5 milímetros de grosor como máximo. Una mandolina te va a sacar del apuro, pero un cuchillo bien afilado también sirve si le ponés pulso. Después, las dejás 30 minutos en remojo con agua fría para que larguen el almidón; el secado tiene que ser a conciencia, sin humedad, para que no se peguen ni se ablanden con el vapor.
Una vez secas, las pintás apenas con aceite de oliva y las condimentás a gusto. Sal gruesa, ajo en polvo, pimentón dulce o una pizca de pimienta negra funcionan bárbaro. La gracia de estas recetas es que cada uno las adapta a lo que tiene en la alacena. Si preferís la versión más austera, también podés mandarlas al plato sin aceite y apenas con una pizca de sal.
El paso a paso que asegura el crocante
Para el horno, las recetas coinciden en un detalle de oro: temperatura baja y tiempo a conciencia. Se precalienta a 200 °C y se hornean entre 10 y 15 minutos, siempre en una sola capa y sin encimarlas. La cocinera Paulina Cocina, que popularizó la variante al microondas, avisa sin vueltas: “¡no te asustes! Te confieso que la primera vez que hacés esto es medio pesado”. En su receta, sin aceite y con una batata pelada y fileteada, se llevan al microondas a máxima potencia en tandas de 2 minutos. El secreto es repetir la operación cuatro o cinco veces, darlas vuelta una por una y salarlas apenas aflore la humedad inicial para que la sal se adhiera.
Hay una diferencia central entre ambos métodos. El horno entrega un dorado más parejo y un sabor clásico; el microondas gana en velocidad pero exige prestar atención para que no se peguen al plato. En los dos casos, la delgadez del corte define el resultado: cuanto más finita la rodaja, más crocante queda. Y un truco adicional es dejar reposar los chips unos 10 minutos después de apagar el horno o el microondas; así terminan de endurecer y no se aflojan al primer mordisco.
Lo que sigue es servirlos en el momento, porque apenas se enfrían del todo empiezan a perder la magia. Ideales para acompañar salsas, guacamole o una picada improvisada, estos chips no reemplazan a los de bolsa —ellos no quieren—, pero ofrecen el mismo vicio sin la carga de aceite de las frituras industriales. Las tenés que probar sí o sí.
