(BUENOS AIRES).- “Un error estratégico y contradice el espíritu con el que se convocó en las últimas elecciones bajo la consigna de que ‘el club es de los socios’”, expresó la agrupación Boca es Pueblo en un duro comunicado. La decisión de Juan Román Riquelme de repatriar a Sebastián Villa desató una fuerte interna en la Comisión Directiva de Boca y derivó en el pedido de licencia de un dirigente en rechazo a la vuelta del colombiano.
Juan Román Riquelme quedó en el centro de la polémica apenas se conoció el operativo para traer de vuelta al delantero. En el texto, la agrupación detalló los motivos del rechazo. “Villa se escapó de la institución con contrato vigente, se dio por despedido por el solo hecho de no ser titular, y firmó contrato en otro club”, arranca. Y sigue: “No solo no dejó un peso en Boca; no contento con eso inició acciones judiciales contra nuestra institución. Hace apenas unos meses declaró que soñaba con jugar en nuestro máximo rival”.
“Además, hoy regresa mediante una inversión millonaria (7 millones de dólares por un jugador de 30 años), una inversión muy superior incluso a la realizada cuando el club adquirió su pase por primera vez hace 8 años (2.5 millones)”, remarca el comunicado. Luego agrega que la decisión de Riquelme “marca un precedente inédito en nuestra historia”, porque la misma gestión había sostenido el criterio de no contratar personas que litigaron contra el club, “como ocurrió con Federico Insúa”.
El dirigente que formalizó la protesta es Matías Daglio, integrante de la Comisión Directiva que preside Riquelme y miembro de Boca es Pueblo. Daglio presentó un pedido de licencia hasta el 30 de septiembre inclusive. En el mismo comunicado, la agrupación también señaló: “repudiamos los hechos de violencia protagonizados por Sebastián Villa en 2020 y nos expresamos tras su condena en 2023, que fue el motivo principal de correrlo del plantel”.
“Desde Boca es Pueblo trabajamos desde hace años para que se avance transversalmente en materia de género y no solo en un área específica”, explicaron, y consideraron el regreso como “una contradicción respecto del camino que el propio club tomó la decisión recorrer en los últimos años”.
El escrito advierte que “el club necesita tanto reglas claras como coherencia en los hechos” y alerta: “Cuando los principios se convierten en excepciones según la circunstancia o la persona involucrada, lo que se debilita no es solamente una decisión: también se resiente la confianza en la palabra institucional”.
“No hay goles ni títulos que borren la falta de respeto al escudo de Boca. Pero no se confundan: como hace 14 años nos organizamos para intentar cambiar lo que nos parece injusto y lo que nos parece mal, sin jamás dejar de hinchar por Boca”, concluye. Y cierra: “Juegue quien juegue, presida quien presida, nosotros vamos a seguir estando en la tribuna alentando los 90 minutos, y todo el resto del tiempo a disposición del club para lo que sea que podamos ayudar, sin bajar nunca nuestra bandera, que es la de Boca”.
