(BUENOS AIRES).- “No lo sé, yo no soy técnico ni nada, soy dirigente”. Con esa respuesta sin vueltas, Juan Román Riquelme se corrió de cualquier polémica al ser consultado por el penal picado que Tomás Aranda erró en la tanda que clasificó a Boca a los octavos de final de la Copa Sudamericana ante O’Higgins, en Rancagua.
El presidente del Xeneize habló en la puerta del hotel donde se hospedó el plantel y, lejos de cuestionar o respaldar públicamente la decisión del juvenil número 10, puso el foco en el resultado final. “Los penales es cuestión de suerte, siempre digo lo mismo. La suerte estuvo de nuestro lado. Cuando vos ganás siempre al otro día van a decir que lo hiciste bien y cuando no ganás que no lo hiciste de esa manera. Para el arquero nuestro es bueno porque es una manera de ganar seguridad”, arrancó Juan Román Riquelme.
Cuando la pregunta se volvió inevitable y apuntó directo a qué le había parecido que Aranda decidiera picar el remate en un momento tan determinante, la respuesta fue inmediata y marcó su postura institucional. “No lo sé, yo no soy técnico ni nada, soy dirigente”, contestó. La repregunta buscó una opinión “como futbolero”, pero Juan Román Riquelme tampoco pisó el palito. “No, nooo. Como dirigente trato de ayudar, que los muchachos estén bien, que el entrenador tenga un buen plantel”, respondió, dejando en claro que no iba a opinar sobre una decisión que, según su visión, corresponde analizar puertas adentro.
La secuencia que generó el debate ocurrió cuando Boca estaba a un solo penal de cerrar la serie, después de dos fallos de O’Higgins. Tomás Aranda tomó la pelota, eligió picarla al medio y el arquero Omar Carabalí, sin moverse, contuvo el disparo y le gritó el festejo en la cara mientras el volante quedaba inmóvil. Paradójicamente, Aranda había sido el futbolista más desequilibrante del equipo en los 90 minutos: generó las situaciones más claras y, sobre el cierre, sacó dos remates desde afuera del área que exigieron enormes respuestas del propio Carabalí.
En ese momento apareció Leandro Paredes para romper la fila de los ejecutantes y fue el primero en acercarse a abrazarlo y contenerlo. Ya con la clasificación asegurada, el capitán salió a respaldarlo públicamente. “Son maneras de patear. Como lo erró, todo se agranda más. Es muy joven y Tomy aprenderá que hay momentos y momentos para patearlo así”, explicó el campeón del mundo. Y enseguida revalorizó el partido del juvenil: “Ha hecho un partido increíble. Creo que fue el que nos dio ese ánimo para ir a buscar el partido”.
El penal convertido por Lautaro Blanco selló el pase del Xeneize y le devolvió la calma al equipo, que por un instante volvió a quedar en jaque tras el error de Aranda. Sin embargo, la imagen del número 10 eligiendo picarla en la ejecución más caliente de la noche opacó tanto la atajada de Álvaro Montero como el rendimiento previo del propio volante en Chile.
La postura de Juan Román Riquelme, en lugar de señalar al juvenil o abrir un debate público sobre la forma de ejecutar el penal, consistió en proteger al futbolista y evitar cualquier declaración que pudiera aumentar la presión sobre un jugador que atraviesa sus primeras batallas en el club. Boca ya está en octavos de final de la Sudamericana.
