(BUENOS AIRES).- River Plate sufrió una goleada a manos de Aldosivi y quedó eliminado de la Copa Argentina en medio de un estallido de bronca de sus hinchas. La furia no esperó al pitazo final: durante el mismo partido, la tribuna se transformó en un hervidero de silbidos, insultos y cantos cargados de reproche hacia los jugadores y el cuerpo técnico.
Con el marcador ya muy adverso, los fanáticos hicieron sentir su descontento sin filtro alguno. Los silbidos generalizados, los insultos directos y los cantos que marcaron el descontento fueron la banda sonora de una noche que el equipo de Núñez difícilmente olvide. La gente perdió la paciencia y lo hizo saber en pleno desarrollo del encuentro.
El fastidio de los hinchas no pasó exclusivamente por el resultado, sino por la forma en que se dio la derrota. River mostró un rendimiento desordenado y sin capacidad de reacción, con una falta de intensidad alarmante en varios tramos del partido y errores defensivos muy graves. Para colmo, no hubo respuesta anímica ni rebeldía tras los goles que liquidaban la eliminatoria.
Quedar afuera en esta instancia temprana del certamen más federal del país no solo representa un golpe al orgullo, sino que tiene un costo deportivo concreto. La caída le cierra a River una vía directa para acceder a las copas internacionales, un panorama que achica el margen de error de cara a lo que resta de la temporada.
La derrota aceleró la presión sobre el plantel y, particularmente, sobre el cuerpo técnico. La relación entre la tribuna y los protagonistas dentro del campo de juego entró en una zona de quiebre. Los reproches por la actitud del equipo dejaron a la vista un malestar que venía acumulándose y que explotó con toda su fuerza en esta noche de copa.
Lo ocurrido no es habitual en el mundo River. Si bien la exigencia es moneda corriente en los pasillos del club, muy pocas veces se ve un estallido de semejante magnitud contra los propios futbolistas con la pelota todavía rodando. La reacción de los hinchas en medio del partido dejó en claro la magnitud del golpe que significó esta eliminación.
El impacto deportivo es fuerte, pero el daño en la convivencia con la gente puede ser más profundo todavía. La hinchada ya emitió su veredicto con una contundencia que resonó en todo el estadio y que no deja margen para otra noche similar. Ahora el plantel deberá digerir rápido una goleada que expuso fisuras difíciles de disimular y encarar lo que sigue bajo una lupa que nunca fue tan intensa.
