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La vuelta de Villa, un caso totalmente nuevo en la Era Riquelme en Boca

 

El colombiano es el único futbolista que sobrevivió a las purgas de la dirigencia actual.

 
Sebastián Villa
Sebastián Villa

(BUENOS AIRES).- Sebastián Villa regresa a Boca y su figura queda como el único rastro que sobrevivió al cambio de mando de 2019 entre Daniel Angelici y Juan Román Riquelme. Su vuelta es el movimiento más simbólico de un mercado de pases que recupera a un jugador que parecía borrado del mapa xeneize, y que además vuelve después de un paso sorpresivamente revalorizante por el fútbol del interior.

“En este club en el que gané muchos títulos”, repitió una y otra vez Sebastián Villa en los videos del reencuentro que publicaron las redes del club. La paradoja es que la mayoría de esos laureles los consiguió con el riquelmismo. Había llegado después del segundo título local del ciclo Guillermo Barros Schelotto y apenas festejó la Supercopa Argentina 2019 con Gustavo Alfaro dentro de la etapa Angelici. Ya bajo la nueva conducción, acumuló 172 partidos y 29 goles mientras su juego mutaba de delantero explosivo que oxigenaba a Carlos Tevez a un llanero solitario que muchas veces resultaba improductivo en el área.

Esa permanencia lo vuelve un caso único. Villa es el único nombre que logró atravesar los siete años de la era Riquelme sin ser descartado en las sucesivas purgas de plantel, un dato que resalta todavía más con este segundo ciclo. La vuelta de Darío Benedetto en su momento fue la otra excepción, pero con un matiz: el Pipa regresó como refuerzo directo de Riquelme, mientras que el colombiano lo hace después de un préstamo que lo revalorizó de manera contundente.

El Villa de Mendoza

En Independiente Rivadavia se cargó el equipo al hombro y firmó la temporada más redonda de su carrera. Condujo al club a ganar la Copa Argentina, un título inédito para la institución mendocina, y a un semestre de ensueño en la Copa Libertadores que rozó la clasificación a los octavos de final. Fue el faro ofensivo y el socio principal de sus compañeros, una versión que contrasta con el jugador errático que se despidió de Boca.

En lugar del extremo intermitente y aislado que solía ser en sus últimos meses con la azul y oro, en Cuyo apareció un delantero que pedía la pelota, se tiraba atrás para armar juego y aparecía en el área rival con criterio. Pasó de ser un llanero solitario a un líder colectivo, guiando a sus compañeros hacia logros que el club jamás había alcanzado.

Para los técnicos de la etapa riquelmista —Miguel Ángel Russo, Sebastián Battaglia y Hugo Ibarra—, Villa había ido perdiendo peso específico con el correr de los ciclos. Ahora regresa con otros argumentos futbolísticos y una madurez de juego que no mostró en sus cinco años anteriores en el club.

Este jueves, de arranque o desde el banco, tendrá su primera función en esta nueva etapa. La dirigencia le renovó la confianza con el regreso; ahora él debe convencer a una hinchada que lo empezará mirando de reojo. No le alcanzará con mostrarse comprometido: deberá trasplantar el liderazgo que mostró en Mendoza al calor de la Bombonera.

Sus avales para ganarse un aplauso son los mismos que exhibió en su paso por Independiente Rivadavia: jugar, jugarse y hacer jugar. De eso depende que su nombre deje de ser una rareza dirigencial para volver a valer por lo que hace adentro de la cancha.