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Boca alquiló 7 estadios entre 1983 y 1985: la odisea de la Bombonera

 

Una remontada histórica: así vivió Boca su exilio de dos años

 
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(BUENOS AIRES).- “El estadio no hubiera resistido: se habría caído”, escribió Federico Polak en su libro “Armando a Macri” al recordar el concierto de Kiss que nunca se hizo. Aquella advertencia retrata la crisis estructural que obligó a Boca a un exilio forzado de casi dos años, un peregrinaje por canchas alquiladas que vuelve a la memoria justo cuando el club debe mudarse de nuevo: este fin de semana será local en Huracán frente a Estudiantes por un resembrado en el césped de la Bombonera.

Entre 1983 y 1985, Boca disputó 36 de los 39 partidos que le correspondían como local en siete estadios distintos. La dirigencia alquiló Vélez (12 veces), River (7), Atlanta (7), Huracán (6), Gimnasia La Plata (2), Ferro (1) y Sarmiento de Junín (1). Los únicos tres encuentros que jugó en su casa fueron a mediados de 1984, con la mayoría de las tribunas inhabilitadas.

El origen del éxodo

El éxodo arrancó a mediados de 1983 por un castigo disciplinario de la AFA. La Bombonera fue suspendida tras el asesinato de Roberto Basile, un hincha de Racing que murió antes del clásico del 3 de agosto por el impacto de una bengala lanzada desde la barra brava local que cruzó los cien metros del estadio hasta la popular visitante. La primera sanción fue provisoria, por cinco fechas.

Con el club golpeado además por una crisis económica feroz, los dirigentes cambiaron de cancha casi una vez por fecha. Entre agosto y octubre, Boca recibió a Platense en Atlanta, fue local de Estudiantes en Vélez, se mudó a Huracán para jugar contra Unión, volvió a Villa Crespo para enfrentar a Instituto, jugó contra San Lorenzo e Independiente en el Monumental de River y otra vez alquiló Vélez para el superclásico que ganó 1 a 0 con gol de José Orlando Berta. El último partido de 1983 como local fue en Ferro, ante Huracán. En total, aquel año jugó 13 encuentros lejos de su barrio.

Polak, que sería interventor a fines de 1984, relató el papelón que asomó alrededor de un recital frustrado: “Sobrevienen inspecciones que detectan graves fallas en su estructura, por lo que el equipo deambula por ahí. La dirigencia anuncia un concierto de Kiss para agosto de 1983 en la Bombonera. Para suerte de la multitud que hubiese concurrido, la promesa no se concretó. El estadio no hubiera resistido: se habría caído”.

El año del derrumbe inminente

En 1984 la situación empeoró. Boca apenas pudo volver a su casa: el estadio estaba semi clausurado, con la tercera bandeja cerrada y parte de la segunda también inhabilitada. El 25 de mayo la Bombonera se reabrió fugazmente después de 296 días, con un amistoso ante Belgrano de Córdoba. Se habilitaron solo el anillo inferior y las plateas, una capacidad máxima de 24.500 personas.

Los problemas estructurales eran tan severos que en diciembre el diario Clarín advirtió: “Si se sacan las estructuras, a Boca se le cae el estadio”. De los 21 partidos que el equipo debía jugar como local ese año, apenas tres fueron en la Bombonera: triunfo sobre Unión, derrota con Atlanta —el día de los fibrones en las camisetas— y victoria ante Instituto.

Durante el Metropolitano, Boca repartió su localía entre Vélez y el Monumental. En Liniers enfrentó a Ferro, Racing de Córdoba, Chacarita, Estudiantes, Talleres, Newell’s y Temperley. En River jugó contra San Lorenzo, Independiente, Platense y el propio River, en el que todavía es el superclásico más insólito de la historia con Boca oficiando de anfitrión en Núñez.

Polak dejó por escrito otro episodio de desidia: “Se suspenden las obras emprendidas en el estadio, que corre peligro de derrumbe, debiendo recurrirse a su apuntalamiento, pero a la empresa que realiza el trabajo no se le paga y amenaza quitar los sostenes”. La fragilidad de las tribunas se convirtió en un peligro cotidiano.

A fin de año la crisis tocó fondo. Un reclamo del club uruguayo Wanderers por la venta de Ariel Krasouski en 1981 puso a la Bombonera al borde del remate. El interventor Polak interrumpió la subasta y dejó una definición que quedó grabada: “Es inadmisible que la Bombonera se remate. Es razonable que Wanderers quiera cobrar, pero no subastar. La Bombonera solo le sirve a Boca. No le es útil a ningún comprador. La Bombonera es Boca y Boca es la Bombonera”.

El regreso definitivo

Boca arrancó 1985 como había terminado el año anterior: alquilando la cancha de Huracán. Por el Nacional recibió en Parque de los Patricios a Temperley, Estudiantes de Río Cuarto y Altos Hornos Zapla de Jujuy. La última escala de la peregrinación fue otra vez el Monumental, frente a Vélez.

El 6 de julio de 1985, casi dos años exactos después del comienzo del exilio, la Bombonera volvió a abrir sus puertas de manera definitiva. Boca venció 3 a 1 a Racing de Córdoba con la tercera bandeja todavía clausurada y dio vuelta la página más oscura de su historia como local. La nueva dirigencia de Antonio Alegre pintó el estadio y prometió obras de iluminación y un techo que nunca se concretaron.

Cuatro décadas después, una mudanza por el césped devuelve el eco de aquella odisea. No es la primera escala imprevista desde entonces: a inicios de 1996 Boca alquiló Vélez tres partidos mientras renovaba los palcos. Ahora, con el proyecto de remodelación que el club ya anunció, se vislumbra una Bombonera distinta en los próximos años.