(BUENOS AIRES).- “la rompió”, resumió Martín Arévalo tras el empate 2-2 de Boca ante Newell’s, un partido en el que Leonardo Flores volvió a pedir pista. El análisis del periodista puso el foco sobre el juvenil, que respondió con personalidad en medio de un equipo que mostró dos caras muy distintas.
Boca dominó el primer tiempo con intensidad y se fue al descanso en ventaja gracias al gol de Ascacíbar. Con movilidad y buena circulación de pelota, el Xeneize superó a Newell’s y hasta pudo haber sacado una diferencia mayor. La sensación al entretiempo era que el partido podía quedar definido, pero todo cambió en el complemento.
El conjunto de Frank Kudelka salió decidido a cambiar la historia y lo consiguió en pocos minutos. Aprovechó las dudas defensivas del equipo de Rodolfo Arruabarrena y dio vuelta el marcador ante un Boca que perdió el control y volvió a sufrir desconcentraciones que preocuparon al cuerpo técnico. La igualdad llegó por medio de Velasco, y sobre el final Aranda y el propio Flores estuvieron cerca de darle la victoria al conjunto azul y oro.
El empate dejó bronca y alivio al mismo tiempo. Por un lado, el equipo mostró una mejor imagen respecto del duelo ante O’Higgins; por otro, volvió a evidenciar problemas defensivos y falta de concentración en los momentos clave de un encuentro que se le escapó cuando mejor estaba.
Flores, la noticia positiva
En ese contexto irregular, la figura de Leonardo Flores sobresalió. El juvenil no solo aportó desequilibrio por la banda, sino que mostró personalidad para afrontar un partido complicado en un escenario exigente como el Coloso Marcelo Bielsa. Arévalo lo ubicó entre los puntos más altos de un Boca que necesitaba respuestas y destacó su capacidad para marcar diferencias en ataque.
La actuación de Flores también representa un espaldarazo para el Vasco. El entrenador apostó por varios pibes y encontró una respuesta que puede alterar la consideración del plantel de cara a los próximos compromisos. El chico no solo rindió con la pelota: su actitud contagió al resto de sus compañeros en los momentos de mayor exigencia.
Su rendimiento se suma al de otros jóvenes que vienen ganando protagonismo y que le permiten al cuerpo técnico contar con nuevas alternativas. En encuentros cerrados, la velocidad y el uno contra uno que ofrece Flores pueden transformarse en herramientas fundamentales para un equipo al que todavía le cuesta sostener el ritmo durante los noventa minutos.
Para Arruabarrena, la gran noticia fue encontrar respuestas en jugadores jóvenes como Flores. El desafío ahora pasa por acompañar ese crecimiento individual con una mayor solidez colectiva que le permita a Boca transformar las buenas apariciones en resultados positivos. Con la reacción sobre el final, el Xeneize rescató un punto que sirve para la tabla, pero la irregularidad sigue siendo una deuda pendiente. Flores asoma como la pieza que pide pista en un equipo que necesita jugadores capaces de cambiarle el ritmo a los partidos.
