(BUENOS AIRES).- El capitán de Boca, Leandro Paredes, se consolidó como el líder futbolístico y emocional de un plantel en plena reconstrucción. Su ascendencia sobre el grupo quedó reflejada en el armado del equipo que compite en el Torneo Clausura, donde su rol excede largamente lo que sucede dentro del campo de juego.
Paredes ejerce un liderazgo positivo que los propios protagonistas destacan como el motor de la recuperación anímica y colectiva. La influencia del mediocampista fue tan directa que se le atribuye haber ungido a los nombres jóvenes que rearmaron la estructura del equipo en los últimos meses, dándoles la confianza necesaria para soltarse.
Dentro y fuera de la cancha, Leandro Paredes se transformó en una pieza fundamental para el andamiaje boquense. En lo táctico ordena los tiempos de un mediocampo que todavía se está acoplando y en lo humano se encarga de que la presión no sobrepase a los pibes que dan sus primeros pasos en la Primera.
Resaltó a los jóvenes y los puso bajo su ala. Con gestos concretos y charlas mano a mano, se encargó de que los juveniles que subieron de la Reserva o tenían menos rodaje se sintieran respaldados. Su presencia les da la tranquilidad para jugar sin ataduras, algo que se nota en el rendimiento colectivo de Boca.
Aunque no lo exteriorice con estridencias, el volante está pendiente de todos los detalles. Supervisa los tiempos y las necesidades de cada compañero para que el equipo nunca pierda el equilibrio, actuando como un verdadero prolongador del cuerpo técnico en la cancha.
Por dinámica natural, el grupo lo adoptó como referente indiscutido. Su palabra en el vestuario pesa tanto como una indicación táctica en la mitad de la cancha, funcionando como el engranaje que une la experiencia de los más grandes con el hambre de gloria de la camada joven.
El propio Leandro Paredes entendió rápido lo que significa llevar la cinta en un club de la dimensión de Boca. No rehúye las responsabilidades y cada partido refuerza su condición de capitán con un mensaje claro hacia sus compañeros: hay que bancarse la camiseta en las buenas y en las malas.
Esa convicción caló hondo en un vestuario que venía golpeado y necesitaba certezas. Los resultados empezaron a acompañar y el equipo mostró otra cara en el Torneo Clausura, con una identidad que combina la pausa del capitán en el medio con la frescura de los pibes que él mismo apadrinó.
Con un equipo que todavía continúa en formación, el liderazgo de Leandro Paredes emerge como el activo más sólido del club de la Ribera. Sin urgencias de nombres rutilantes, el "cinco" azul y oro es el encargado de mantener encendida la llama competitiva hasta que el rompecabezas termine de encajar y Boca vuelva a pelear en todos los frentes.
