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Santiago Ascacibar, el sorpresivo goleador de la Era Arruabarrena en Boca

 

El volante volvió a marcar ante Vélez y sumó su tercer tanto en el ciclo del Vasco.

 
Santiago Ascacibar
Santiago Ascacibar

(BUENOS AIRES).- “Y a esta altura, decir que el nueve de Boca juega con la 25 ya dejó de ser una exageración”, escribió Federico Mosteiro en Olé. Santiago Ascacibar volvió a marcar para Boca, llegó a su tercer gol consecutivo y se consolidó como el máximo goleador del ciclo de Rodolfo Arruabarrena, con tres tantos en seis partidos.

El gol de Santiago Ascacibar llegó en el Ducó, para igualar transitoriamente el partido ante Vélez. El empate nació de un remate de Leonel Flores. Marchiori respondió, pero dejó el rebote servido. Ascacibar, atento como un delantero, tomó la pelota y definió por debajo de las piernas del arquero para poner el 1-1.

Apenas cinco minutos después, el volante estuvo a centímetros de repetir. Otra vez dentro del área, ganó de cabeza, conectó un centro y la pelota terminó pegando en el palo. “El Ruso quería el segundo. Estuvo a centímetros”, describió la crónica.

La racha de Santiago Ascacibar empezó ante Newell’s, siguió frente a Estudiantes —justamente contra el club que lo formó— y ahora sumó una nueva conquista contra Vélez. En los tres encuentros encontró la forma de generarse una chance en territorio enemigo, moviéndose como si toda la vida hubiese jugado entre centrales y nueves. El Vasco apostó por su continuidad y el Ruso le devolvió la confianza con goles: ya no es solo el mediocampista que corre, mete y recupera al lado de Paredes y Delgado.

Respuesta desde el medio

Mientras Enner Valencia, flamante refuerzo, miraba desde la tribuna y Miguel Merentiel buscaba su oportunidad en la cancha, Boca volvió a encontrar la respuesta goleadora en un lugar inesperado. “Otra vez adentro del área, otra vez con olfato de goleador, otra vez empujando a un equipo que encuentra en un volante la respuesta que no están dando sus delanteros”, escribió Mosteiro.

Ahora Santiago Ascacibar también llega al área, define y aparece cuando el equipo necesita convertir. Los delanteros tienen el arco cerrado, pero él parece haber encontrado la llave. Frente a Newell’s pisó el área y facturó; contra el Pincha repitió con la misma fórmula de olfato y oportunismo; y ante Vélez ratificó que su aporte ya excede largamente la recuperación y el equilibrio. En los seis partidos del ciclo Arruabarrena, nadie convirtió más que el Ruso.

El gol ante el Fortín lo festejó con los brazos abiertos, como si festejara un gol de toda la vida, y a los cinco minutos casi escribe otro capítulo con ese cabezazo al palo. Boca sumó un empate que lo deja con sensaciones encontradas, pero se llevó una certeza: su máxima amenaza ofensiva en este arranque de la era Arruabarrena usa la 25 y juega en el mediocampo.