(BUENOS AIRES).- Zaira Nara mostró el nuevo jardín sin césped de su casa en José Ignacio, Uruguay, y volvió a marcar tendencia con un paisajismo naturalista que prioriza especies resistentes y una estética en sintonía con el entorno costero. La modelo se despegó del clásico verde uniforme para apostar por un rediseño que integra la vegetación autóctona y reduce drásticamente el mantenimiento.
El terreno conserva su base arenosa original y se apoya en la vegetación ya existente. Los pinos, típicos del paisaje costero de la zona, aportan sombra y privacidad sin necesidad de agregar estructuras artificiales. Todo el espacio respeta el perfil del suelo y evita las nivelaciones forzadas.

A esa base se suman gramíneas y arbustos resistentes, capaces de convivir con el viento y la salinidad ambiente, algo clave en una zona de playa como José Ignacio. La elección de estas especies nativas no es caprichosa: reemplazar el césped tradicional elimina los cortes frecuentes, reduce el riego intensivo y evita la reposición constante de sectores dañados, un combo ideal para una casa de descanso.
La decisión responde a una tendencia que crece cada vez más fuerte en el paisajismo de viviendas costeras, donde la sequía y la exposición al mar exigen soluciones de bajo mantenimiento. Zaira Nara llevó esa idea a su máximo potencial visual, con un jardín que parece haber nacido del propio terreno antes que de la mano del paisajista.
La arquitectura que dialoga con el jardín
La construcción acompaña el planteo naturalista con una estética que mezcla minimalismo y guiños coloniales. Paredes blancas de acabado rústico, aberturas de madera y una sucesión de arcadas le dan carácter y cierto aire mediterráneo, mientras los faroles exteriores de inspiración colonial, pero sin ornamentos excesivos, completan el lenguaje clásico con una mirada actual.

Bajo la galería semicubierta, sostenida por columnas simples y una pérgola de troncos, se instaló un comedor exterior con sillas bistró de ratán que suma textura y un aire europeo al conjunto. En el centro de todo, la piscina de líneas rectas se integra con la arena y el deck de madera, reforzando la continuidad entre la vivienda y el paisaje.
El resultado es un espacio sin límites rígidos entre el adentro y el afuera, donde la vegetación se cuela en cada visual y la luz natural moldea los rincones. En una de las postales que compartió en redes, Zaira Nara también mostró el interior del patio de su casa en Punta del Este, un espacio amplio rodeado de naturaleza, con piedras y arena. Una vez más, la conductora demuestra que el lujo hoy pasa por la conexión con la naturaleza y no por lo ornamental.
